La angiografía OCT: el avance que detecta el glaucoma años antes de perder visión
Por eso el trabajo publicado en JAMA Ophthalmology me ha hecho detenerme y leerlo dos veces: en una cohorte de 180 ojos, los cambios en la densidad vascular detectados mediante angiografía OCT…
Telmo Quirós, Oftalmólogo clínico y cirujano refractivo·actualizado 05 de septiembre de 2026

Lo reconozco sin rodeos: cuando un paciente con glaucoma entra en la consulta, mi pelea real no es explicarle qué es la enfermedad, sino transmitirle que el enemigo silencioso que le roba campo visual lleva años trabajando antes de que él note nada. Por eso el trabajo publicado en JAMA Ophthalmology me ha hecho detenerme y leerlo dos veces: en una cohorte de 180 ojos, los cambios en la densidad vascular detectados mediante angiografía OCT aparecieron aproximadamente 2,3 años antes que la progresión del campo visual. Es exactamente esa ventana la que cambia el juego clínico.
Qué aporta realmente la OCTA frente a lo que ya usamos
La OCTA —angiografía por tomografía de coherencia óptica— no sustituye a la campimetría ni al OCT estructural clásico; lo que hace es mostrar cómo de perfundidos están los microvasos alrededor del nervio óptico. Frente al habitual “esperamos a que el campo visual se mueva para decidir intensificar tratamiento”, este estudio plantea un marcador que se adelanta. No estoy hablando de ciencia ficción: hablo de una herramienta que muchos centros ya tienen instalada y que, hasta ahora, infrautilizábamos en glaucoma. La conclusión del propio artículo es prudente —un posible papel complementario en la monitorización—, y ahí coincido plenamente. Complementario, no milagro.
Lo que cambia en la consulta del lunes
En mi trinchera, esto se traduce en algo muy concreto: si llevo años viendo a un paciente con presión borderline y campo visual estable, ahora tengo un argumento clínico para pedirle una OCTA y vigilar la densidad vascular antes de que el campo se deteriore. Eso significa ajustar antes, no después. También significa que los pacientes hipertensos oculares, esos que viven en el limbo entre “no es glaucoma” y “quizá lo sea”, pueden tener un marcador objetivo para decidir si seguimos observando o pasamos a tratar. La cobertura reciente de medios peruanos —incluidos reportes del Minsa sobre tecnologías para detección precoz de enfermedades oculares— apunta en la misma dirección: la batalla contra el glaucoma se está librando en la fase preclínica, y conviene que los pacientes lo entiendan.
Veredicto y qué vigilar
No gritaré “revolución”, porque los datos vienen de una cohorte concreta y aún hay que replicarlos en poblaciones más amplias. Pero sí pediré a quien lea esto que haga una cosa simple: pregunte a su oftalmólogo si en su próximo control pueden incluir una OCTA y, sobre todo, qué les dice la densidad vascular, no solo el grosor de la capa de fibras. Si le responden con un “eso no sirve para glaucoma”, probablemente toca cambiar de especialista.