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Una columna de Telmo Quirós

Noticia

Inteligencia artificial y fondo de ojo: el alcance real de la detección de enfermedades

El modelo descrito por MedicalXpress utiliza esas fotografías para calcular riesgos relacionados con enfermedades oculares y sistémicas.

Telmo Quirós, Oftalmólogo clínico y cirujano refractivo·actualizado 28 de agosto de 2026

Inteligencia artificial y fondo de ojo: el alcance real de la detección de enfermedades

El modelo de inteligencia artificial presentado por un equipo de Skoltech y otros centros analiza fotografías de fondo de ojo para estimar el riesgo de 15 enfermedades, entre ellas glaucoma, cataratas e hipertensión. Se entrenó con más de 20.000 imágenes. La noticia es relevante, pero conviene frenar el entusiasmo automático: estimar un riesgo no equivale a diagnosticar a una persona.

Una fotografía no sustituye la consulta

En mi consulta, la pregunta suele ser directa: «Si una máquina ve algo en una imagen, ¿ya tengo la enfermedad?». La respuesta también debe serlo: no necesariamente.

El fondo de ojo permite observar estructuras de la retina y del nervio óptico. Dicho en términos sencillos, ofrece una imagen del tejido que está detrás de la pupila y que puede contener señales compatibles con distintos problemas. El modelo descrito por MedicalXpress utiliza esas fotografías para calcular riesgos relacionados con enfermedades oculares y sistémicas.

La palabra importante es riesgo. No es confirmación. No sabemos, a partir de la información disponible, cuál es la precisión del modelo, cómo se comporta en distintos grupos de pacientes ni si está preparado para tomar decisiones clínicas por sí solo. Tampoco se detalla qué ocurre cuando la imagen tiene mala calidad o cuando el resultado de la inteligencia artificial no coincide con la exploración del oftalmólogo.

Por eso, un resultado automatizado no debería convertirse en una etiqueta. Sirve, como mucho, para orientar la evaluación posterior. El diagnóstico exige contexto clínico y comprobación profesional. La tecnología puede señalar una zona de sospecha; no puede convertir una sospecha en enfermedad con un clic.

El valor real está en el triaje

La aportación más interesante de este tipo de herramientas no es prometer una consulta sin médicos. Es ayudar a ordenar prioridades.

Si una fotografía sugiere un riesgo elevado de glaucoma, cataratas, hipertensión u otra de las enfermedades contempladas por el modelo, el siguiente paso razonable es evaluar el caso. No operar. No medicarse. No comprar suplementos con nombres grandilocuentes. Evaluar.

Ese matiz importa especialmente en patologías que pueden avanzar sin molestias llamativas. Pero no voy a rellenar los huecos con promesas: el material disponible no demuestra que este sistema detecte todos los casos, que reduzca complicaciones ni que sustituya las pruebas habituales. Tampoco informa de que se esté utilizando de forma generalizada en clínicas.

La herramienta puede ser útil para seleccionar qué pacientes necesitan una valoración más prioritaria. También puede aportar información en lugares donde no hay acceso inmediato a un especialista. Pero la utilidad clínica depende de algo menos vistoso que el titular: la calidad de las imágenes, la validación del sistema y la capacidad de un profesional para interpretar el resultado.

Qué debe preguntar el paciente

Si una clínica ofrece un análisis de fondo de ojo asistido por inteligencia artificial, yo preguntaría tres cosas antes de concederle autoridad diagnóstica.

Primero: ¿el sistema estima riesgo o confirma una enfermedad? Si la respuesta no es clara, mala señal. Segundo: ¿quién revisa el resultado y qué prueba se realiza después cuando aparece una alerta? Tercero: ¿qué sucede si la imagen no permite una valoración fiable?

También pediría que el informe identifique con precisión qué se ha observado y qué no puede concluirse. Un resultado que solo diga «riesgo elevado» sin explicar el siguiente paso sirve de poco. Asusta, pero no orienta.

La noticia abre una vía prometedora para el triaje oftalmológico, no una puerta de salida de la medicina. El fondo de ojo puede ser una fuente valiosa de información y la inteligencia artificial puede ayudar a analizarla. Pero el veredicto sigue necesitando ojos clínicos, exploración y responsabilidad médica. La máquina puede frenar un caso que estaba pasando desapercibido. La decisión de corregir, tratar o simplemente vigilar sigue siendo humana.