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Una columna de Telmo Quirós

Glaucoma de tensión normal: por qué la presión no lo es todo

El glaucoma de tensión normal puede dañar el nervio óptico aunque la presión intraocular se mantenga entre 10 y 21 mmHg. Esa es la paradoja.

Telmo Quirós, Oftalmólogo clínico y cirujano refractivo·Actualizado: 20 de agosto de 2026·15 min de lectura

Glaucoma de tensión normal: por qué la presión no lo es todo

Y también el motivo por el que algunos pacientes llegan a consulta después de años oyendo que su presión ocular era normal.

En oftalmología, una cifra tranquiliza demasiado cuando se interpreta fuera de contexto. Una tonometría de 17 mmHg no descarta el glaucoma. Solo dice que, en ese momento y con ese método, la presión no estaba elevada. El nervio óptico puede seguir perdiendo fibras. El campo visual puede seguir estrechándose. La visión central puede quedar amenazada si el daño progresa cerca de la mácula.

Lo explico así en consulta porque la confusión es muy frecuente: la presión intraocular es un factor decisivo, pero no es el diagnóstico completo. El glaucoma de tensión normal, también llamado glaucoma normotensivo, obliga a mirar el ojo entero y al paciente que lo sostiene.

La paradoja de una presión intraocular normal

El glaucoma no es simplemente tener mucha presión dentro del ojo. Es una neuropatía óptica progresiva. Dicho sin rodeos: el nervio óptico pierde tejido y la persona pierde campo visual. La presión intraocular participa en ese proceso, pero la tolerancia del nervio no es idéntica en todos los pacientes.

Hay nervios ópticos que soportan presiones elevadas durante años sin mostrar una lesión clara. Otros empiezan a dañarse con valores que aparecen en cualquier informe como normales. La estadística sirve para ordenar la medicina, no para sustituirla.

Aproximadamente la mitad de las personas con glaucoma presentan mediciones de presión entre 10 y 21 mmHg. Por eso, hablar de una presión normal como si fuera una frontera entre salud y enfermedad es una simplificación peligrosa. El número orienta. La estructura y la función confirman si existe daño.

Una presión de 17 mmHg puede ser normal para la estadística y demasiado alta para un nervio óptico vulnerable.

Además, la presión intraocular no es una constante fija. Cambia a lo largo del día, responde a la postura, puede variar con el tratamiento y depende del método de medición. Una única toma en la consulta es una fotografía. El glaucoma se comporta más como una película.

Por eso, cuando observo una excavación sospechosa del nervio óptico, una asimetría entre ambos ojos o una alteración del campo visual, no doy el caso por cerrado porque la tonometría sea inferior a 21 mmHg. La cifra no borra la anatomía.

Qué ocurre realmente en el nervio óptico

El nervio óptico está formado por millones de fibras nerviosas que transmiten la información visual desde la retina hasta el cerebro. En el glaucoma, esas fibras se pierden de forma característica. El borde del nervio se adelgaza y la excavación central puede aumentar.

El daño suele afectar primero a zonas que producen pérdida de visión periférica. El paciente no nota necesariamente una mancha negra ni una caída brusca de agudeza visual. Lo habitual es mucho más traicionero: tropiezos, dificultad para detectar objetos a un lado, problemas al bajar escaleras o una sensación de torpeza en lugares con poca luz.

La pérdida de visión lateral puede pasar desapercibida porque cada ojo compensa parcialmente al otro y porque el cerebro completa la información que falta. La lectura de una cartilla puede seguir siendo excelente mientras el campo visual ya muestra defectos relevantes. Ver bien las letras no equivale a tener un nervio óptico sano.

Glaucoma normotensivo: causas y factores que cambian el riesgo

La causa molecular exacta por la que algunos nervios ópticos son vulnerables a presiones estadísticamente normales todavía no está completamente resuelta. Esto conviene decirlo sin adornos. No existe una explicación única que sirva para todos los pacientes.

Sí conocemos, en cambio, varios factores asociados. El flujo sanguíneo del nervio óptico parece tener un papel importante. También pueden intervenir la hipotensión arterial nocturna, las migrañas y los vasoespasmos, como los que aparecen en personas con síndrome de Raynaud.

No significa que todo paciente con migraña vaya a desarrollar glaucoma normotensivo. Tampoco que una presión arterial baja sea, por sí sola, una enfermedad ocular. El problema aparece cuando la perfusión del nervio óptico resulta insuficiente o inestable en un ojo que ya tiene una susceptibilidad particular.

La hipotensión nocturna merece una conversación específica

Durante la noche, la presión arterial desciende de forma fisiológica. En algunos pacientes esa caída puede ser excesiva, sobre todo si toman medicación antihipertensiva en horarios que favorecen una bajada marcada durante el sueño.

Aquí no recomiendo improvisaciones. Nadie debería suspender ni cambiar su tratamiento cardiovascular por su cuenta para intentar proteger el nervio óptico. Lo sensato es coordinar la valoración entre oftalmología y el médico que controla la presión arterial. El objetivo es evitar tanto la hipertensión como una hipotensión nocturna desproporcionada.

En la historia clínica pregunto por mareos al levantarse, desmayos, manos frías, cambios de color en los dedos, migrañas, apnea del sueño y medicación antihipertensiva. No es interrogatorio decorativo. Son datos que pueden modificar cómo interpretamos una progresión aparentemente inexplicable.

La vascularización no sustituye a la presión

En los últimos años, técnicas como la angio-OCT han permitido estudiar con más detalle la microvasculatura alrededor del nervio óptico. Es una herramienta interesante para entender el componente vascular y seguir determinados patrones, pero no es una bola de cristal.

No diagnostico un glaucoma normotensivo solo porque una imagen vascular parezca alterada. La angio-OCT complementa la exploración; no reemplaza la OCT estructural, la campimetría, la evaluación del nervio óptico ni el seguimiento temporal. Las imágenes aisladas impresionan mucho. La evolución comparada informa bastante más.

Las pistas clínicas que hacen saltar la alarma

El glaucoma de tensión normal tiene algunos rasgos que pueden aparecer con mayor frecuencia que en el glaucoma primario de ángulo abierto convencional. Las hemorragias en astilla del disco óptico son uno de ellos.

Se trata de pequeñas hemorragias lineales en el borde del nervio óptico. Pueden desaparecer con el tiempo, pero su presencia es una señal de alerta, especialmente si coincide con adelgazamiento localizado de la capa de fibras nerviosas o con un defecto nuevo en el campo visual.

Otro patrón relevante son los defectos campimétricos cercanos al centro de la visión. La pérdida periférica sigue siendo habitual, pero en el glaucoma normotensivo el daño puede aproximarse antes a la región central. Esto cambia el nivel de urgencia. No es lo mismo perder una pequeña zona periférica estable que detectar una alteración que amenaza la visión utilizada para leer, conducir o reconocer caras.

También me fijo en otros elementos:

  • Una excavación del nervio óptico desproporcionada respecto al tamaño del disco.
  • Diferencias claras entre ambos ojos.
  • Adelgazamiento focal de la capa de fibras nerviosas en la OCT.
  • Defectos que se repiten en la campimetría con una distribución compatible con glaucoma.
  • Progresión documentada aunque la presión no parezca elevada.
  • Antecedentes familiares de glaucoma o de pérdida visual inexplicada.
  • Miopía, especialmente cuando dificulta la interpretación de la anatomía papilar.
  • Hemorragias recurrentes en el borde del disco óptico.

Ninguno de estos datos, por separado, sentencia el diagnóstico. Un nervio óptico grande puede tener una excavación amplia sin enfermedad. Una OCT puede mostrar un valor bajo por cuestiones anatómicas. Una campimetría puede salir mal por fatiga, aprendizaje insuficiente o mala fijación. La clave está en hacer coincidir anatomía, función y evolución.

Glaucoma de tensión normal: diagnóstico sin atajos

El diagnóstico de glaucoma de tensión normal no se obtiene con una única prueba. Requiere demostrar un daño glaucomatoso y, al mismo tiempo, descartar otras enfermedades del nervio óptico que pueden imitarlo.

Este es el protocolo que considero razonable cuando existe sospecha real:

1. Medir la presión intraocular de forma fiable.

La tonometría debe interpretarse con el resto de la exploración. Si hay dudas sobre la variación diaria, pueden ser necesarias varias mediciones en distintos momentos. La presión aislada no cuenta toda la historia.

2. Examinar el ángulo iridocorneal.

La gonioscopia permite confirmar que estamos ante un glaucoma de ángulo abierto y no ante otro mecanismo. No se debe etiquetar cualquier neuropatía óptica como glaucoma normotensivo sin mirar el ángulo.

3. Valorar el grosor corneal.

La paquimetría corneal ayuda a contextualizar la lectura de la presión. Una córnea más fina o más gruesa puede hacer que la cifra medida no represente exactamente la presión que estamos imaginando. No es una corrección automática con una calculadora; es un dato de interpretación clínica.

4. Observar directamente el nervio óptico.

La exploración de la papila sigue siendo fundamental. Busco pérdida del anillo neurorretiniano, muescas, asimetrías y hemorragias en astilla.

5. Realizar una OCT del nervio óptico y de la retina.

La tomografía de coherencia óptica permite medir el grosor de la capa de fibras nerviosas y estudiar el complejo de células ganglionares. Lo más útil no siempre es el color del informe, sino la comparación con pruebas anteriores y la velocidad de cambio.

6. Hacer una campimetría computarizada.

La campimetría mide la función. Detecta zonas del campo visual que el paciente quizá todavía no percibe. Hay que repetirla si el resultado no encaja con la exploración o si la fiabilidad es pobre.

7. Buscar signos de progresión.

Un solo resultado sospechoso no equivale siempre a enfermedad establecida. La repetición en el tiempo permite distinguir una variación de la prueba de un daño real. En glaucoma, la tendencia tiene más peso que la fotografía aislada.

8. Descartar neuropatías ópticas no glaucomatosas.

Si el patrón es atípico, la pérdida visual es muy rápida, existe una disminución marcada de la agudeza visual, alteración del color, dolor, inflamación o afectación neurológica, hay que abrir el diagnóstico diferencial. No todo nervio excavado tiene glaucoma.

OCT y campimetría: estructura contra función

A menudo me preguntan cuál de las dos pruebas es más importante. La respuesta cómoda sería elegir una. La respuesta correcta es que se necesitan ambas.

La OCT puede detectar adelgazamiento estructural antes de que el paciente note síntomas claros. La campimetría muestra si esa lesión está afectando al rendimiento visual. En fases iniciales, una puede ser anormal y la otra todavía no. Eso no significa necesariamente que una prueba esté equivocada.

La OCT tiene límites. La alta miopía, las opacidades de medios, una mala centración o una anatomía poco habitual pueden generar resultados difíciles de interpretar. Los informes automatizados con códigos de color ayudan, pero no diagnostican por sí solos. Un círculo amarillo o rojo no es un diagnóstico. Es una invitación a revisar la imagen y el contexto.

La campimetría también exige paciencia. El paciente debe entender la prueba, mantener la fijación y responder solo cuando detecta el estímulo. Pulsar por anticipación produce falsos resultados. No hay ningún premio por terminar rápido.

En el glaucoma, una prueba aislada puede equivocarse; una progresión coherente suele ser mucho más difícil de ignorar.

Qué síntomas deben hacerte consultar

El glaucoma de tensión normal puede avanzar sin síntomas evidentes. Esa es una de sus características más incómodas. No hay que esperar a notar una gran pérdida visual para pedir una valoración.

Consulta si aparece una reducción progresiva de la visión lateral, dificultad para orientarte en lugares poco iluminados, golpes repetidos con objetos situados a los lados o cambios que no se explican por la graduación. También si tienes antecedentes familiares de glaucoma y nunca te han realizado una exploración completa del nervio óptico.

La pérdida visual brusca, el dolor ocular intenso, los halos alrededor de las luces, las náuseas, la inflamación visible o una caída rápida de la visión requieren atención urgente. No son el cuadro típico del glaucoma normotensivo, pero tampoco son síntomas para esperar a la próxima revisión rutinaria.

Una revisión oftalmológica completa no consiste únicamente en leer letras y soplar en un aparato. Debe incluir presión intraocular, examen del nervio óptico y, cuando existe sospecha, pruebas estructurales y funcionales.

Tratamiento: bajar más una presión que ya parece normal

Aquí aparece la parte que más desconcierta. Si la presión no está elevada, ¿por qué hay que bajarla?

Porque, hasta la fecha, la única intervención con eficacia demostrada para frenar la progresión del glaucoma de tensión normal es reducir aún más la presión intraocular. El objetivo no es convertir una cifra normal en una cifra peligrosamente baja. Es encontrar una presión diana individualizada que disminuya el riesgo de que el nervio siga deteriorándose.

En muchos casos se plantea una reducción aproximada del 25 al 35 % respecto a la presión inicial, aunque el objetivo final depende del daño existente, la velocidad de progresión, la edad, la expectativa de vida, el estado del otro ojo y la proximidad del defecto al centro de la visión.

No trato una cifra. Trato un nervio óptico con una historia concreta.

Colirios: útiles, pero no inocentes

Los fármacos hipotensores pueden reducir la presión mediante distintos mecanismos. Algunos aumentan la salida del humor acuoso; otros reducen su producción. La elección depende de la presión de partida, las enfermedades asociadas, la tolerancia y la adherencia.

La adherencia es una palabra clínica para un problema muy cotidiano: ponerse las gotas como toca. Un colirio que permanece en el cajón no protege ningún nervio óptico. Si el tratamiento irrita, provoca visión borrosa o resulta imposible de mantener por horarios, hay que decirlo. Se puede ajustar la estrategia. Fingir que todo va bien solo retrasa la solución.

Conviene separar las gotas unos minutos cuando se utilizan varios tratamientos y cerrar suavemente los ojos después de instilarlas, sin apretar con fuerza. La oclusión del punto lagrimal puede reducir el paso del fármaco a la circulación general, algo especialmente relevante en determinados pacientes con problemas respiratorios o cardiovasculares. El oftalmólogo debe revisar siempre el conjunto, no solo la presión.

Láser y cirugía cuando el tratamiento médico no basta

El láser puede formar parte del tratamiento en ojos seleccionados. En un glaucoma de ángulo abierto, ciertas técnicas ayudan a mejorar la salida del humor acuoso. La respuesta es variable y no convierte el láser en una cura definitiva. Puede reducir la dependencia de los colirios, pero el seguimiento continúa.

Cuando el daño progresa pese a un tratamiento correctamente utilizado, o cuando el objetivo de presión es muy bajo, puede ser necesario valorar cirugía filtrante o dispositivos de drenaje. Son procedimientos eficaces, pero no triviales. Tienen riesgos y requieren seguimiento estrecho.

En cirugía refractiva, estoy acostumbrado a hablar de resultados y límites antes de entrar en quirófano. En glaucoma ocurre lo mismo, con una diferencia decisiva: el objetivo no es mejorar una graduación, sino preservar las fibras que todavía funcionan. La cirugía no devuelve el campo visual perdido. Busca frenar el daño futuro.

Lo que no ha demostrado sustituir a la reducción de presión

Aquí conviene cortar de raíz algunos mitos. No hay un suplemento, dieta, ejercicio ocular o tratamiento vascular aislado que haya demostrado sustituir a la reducción de la presión intraocular como estrategia para frenar el glaucoma de tensión normal.

Dormir bien, hacer ejercicio adaptado, controlar los factores cardiovasculares y evitar el tabaco son decisiones razonables para la salud general y vascular. Pero no deben venderse como tratamiento curativo del glaucoma. Las promesas de regenerar el nervio óptico con productos milagro pertenecen más al marketing que a la medicina.

Tampoco recomiendo perseguir una presión arterial cada vez más baja sin coordinación médica. Una presión arterial mal controlada perjudica. Una hipotensión excesiva también puede comprometer la perfusión del nervio. El tratamiento debe equilibrar ambos riesgos.

Seguimiento: la velocidad de progresión manda

Dos pacientes con el mismo valor de presión pueden necesitar decisiones completamente distintas. Uno puede tener una lesión mínima y estable durante años. Otro puede mostrar una pérdida progresiva que obliga a intensificar el tratamiento.

En las revisiones comparo la OCT con las pruebas anteriores. Reviso la campimetría, la fiabilidad y la localización del defecto. Observo si existen hemorragias en el disco. Pregunto por cambios funcionales que no siempre aparecen en una frase como pérdida visual.

La progresión cercana al centro merece especial atención. Cuando el defecto amenaza la visión central, el margen de seguridad es menor. También preocupa una progresión rápida, una mala respuesta al tratamiento o una dificultad persistente para alcanzar la presión diana.

El seguimiento no consiste en repetir pruebas por costumbre. Cada medición debe responder a una pregunta: ¿el nervio está estable?, ¿el tratamiento está funcionando?, ¿la presión sigue siendo demasiado alta para este ojo?, ¿el resultado es fiable?, ¿hay otra enfermedad que explique el patrón?

La importancia de la presión durante todo el día

En algunos pacientes, la presión medida en consulta no representa el momento de mayor riesgo. Puede existir variación diurna o picos que no coinciden con la hora de la revisión. Por eso, si la enfermedad progresa con cifras aparentemente correctas, hay que pensar en la posibilidad de una presión fluctuante.

No siempre es necesario medirla de forma continua, pero sí interpretar el caso con suficiente amplitud. Una lectura normal a media mañana no descarta que el comportamiento del ojo sea diferente por la noche o al despertar.

También reviso la superficie ocular. El ojo seco crónico no causa por sí mismo el glaucoma normotensivo, pero puede hacer que los colirios sean mal tolerados y que el paciente abandone el tratamiento. A veces mejorar la superficie ocular es lo que permite mantener una pauta necesaria.

Mi veredicto clínico

El glaucoma de tensión normal no es un glaucoma imaginario ni una rareza que pueda descartarse con una tonometría tranquila. Es glaucoma real: existe daño progresivo del nervio óptico y pérdida del campo visual, aunque la presión se mantenga dentro del intervalo estadísticamente normal.

El diagnóstico exige integrar presión, papila, OCT, campimetría, paquimetría y evolución. También obliga a descartar neuropatías ópticas que no son glaucoma. Esa parte no admite atajos.

Si el diagnóstico se confirma, la estrategia sigue siendo reducir la presión intraocular. Puede parecer contradictorio, pero es la intervención que ha demostrado capacidad para frenar la progresión. Al mismo tiempo, hay que revisar factores vasculares y sistémicos, especialmente la hipotensión nocturna, las migrañas y los vasoespasmos, sin convertirlos en excusas para abandonar el tratamiento ocular.

Mi recomendación es sencilla: no te tranquilices solo porque te digan que la presión está normal. Pide que te expliquen cómo están el nervio óptico, la OCT y el campo visual. En glaucoma, la presión es una pieza del puzle. El diagnóstico aparece cuando todas las piezas encajan.

Preguntas frecuentes

¿Qué es el glaucoma de tensión normal?
Es una neuropatía óptica progresiva en la que el nervio óptico pierde tejido y el paciente pierde campo visual, a pesar de que la presión intraocular se mantiene entre 10 y 21 mmHg.
¿Por qué se dice que la presión ocular normal puede ser peligrosa?
Porque la tolerancia del nervio óptico varía según el paciente; una presión que es normal para la estadística puede ser demasiado alta para un nervio óptico vulnerable.
¿Qué síntomas presenta el glaucoma normotensivo?
Suele ser traicionero y avanzar sin síntomas evidentes al principio, aunque puede manifestarse como dificultad para detectar objetos a los lados, tropiezos o problemas de visión en lugares con poca luz.
¿Cómo se diagnostica esta enfermedad?
No se basa en una única prueba, sino en demostrar el daño glaucomatoso mediante la exploración del nervio óptico, la OCT, la campimetría, la paquimetría y la gonioscopia, descartando otras neuropatías.
¿Se puede curar el glaucoma de tensión normal con suplementos?
No. Hasta la fecha, no hay ningún suplemento, dieta o ejercicio ocular que haya demostrado sustituir la reducción de la presión intraocular como estrategia eficaz para frenar el glaucoma.