La angiografía OCT-A identifica daños vasculares precoces en la retinopatía diabética
Según Review of Optometry, una investigación reciente sugiere que la angiografía por tomografía de coherencia óptica (OCT-A) puede detectar alteraciones de la microcirculación retiniana antes de que…
Telmo Quirós, Oftalmólogo clínico y cirujano refractivo·actualizado 28 de agosto de 2026

Según Review of Optometry, una investigación reciente sugiere que la angiografía por tomografía de coherencia óptica (OCT-A) puede detectar alteraciones de la microcirculación retiniana antes de que aparezcan cambios estructurales evidentes en la retinopatía diabética. Para quienes vivimos entre retinas diabéticas en consulta, la noticia es relevante: podría ampliar el margen para identificar daño temprano, aunque todavía no convierte una imagen en un diagnóstico automático ni en una licencia para relajarse con los controles.
La circulación puede alterarse antes que la estructura
El estudio analizó 108 ojos de 108 personas con diabetes atendidas en clínicas oftalmológicas terciarias de Australia. La retinopatía se clasificó según las categorías del Early Treatment Diabetic Retinopathy Study, comparando ojos sin retinopatía o con cambios mínimos frente a aquellos con, al menos, retinopatía diabética no proliferativa leve.
La OCT-A permitió medir la densidad vascular y la densidad de perfusión en distintas zonas de la mácula. En los ojos con retinopatía diabética igual o superior a leve, ambas medidas fueron significativamente menores en varias regiones maculares, sobre todo en el plexo capilar superficial. En cambio, no se observaron diferencias significativas en determinados parámetros de la zona avascular foveal.
Traducido a lenguaje de consulta: la red capilar puede empezar a funcionar peor antes de que el grosor de la retina o el volumen macular muestren cambios claros. La mácula tiene una demanda metabólica elevada; si la perfusión se deteriora, la retina puede estar sufriendo aunque la anatomía todavía no parezca alarmante.
No es una paradoja. Es la diferencia entre mirar la forma y estudiar también el flujo.
Una herramienta prometedora, pero no un oráculo
El análisis mostró que la densidad vascular central y la densidad de perfusión central mantenían una asociación independiente con la retinopatía tras ajustar otros factores. El modelo basado en OCT-A obtuvo una capacidad de discriminación moderada, superior a la del modelo clínico utilizado en el estudio. La combinación de ambos enfoques mejoró ese resultado.
Aquí conviene frenar el entusiasmo antes de que alguien venda la prueba como una bola de cristal. La OCT-A puede aportar información vascular muy fina, pero el trabajo tuvo limitaciones. Los investigadores no pudieron estudiar los plexos capilares intermedio y profundo debido a restricciones del dispositivo utilizado. Eso significa que algunas alteraciones precoces podrían haber quedado fuera del análisis.
Además, algunos participantes presentaban edema macular diabético no clínicamente significativo, un factor que pudo influir tanto en las mediciones vasculares como en las de grosor. Y una asociación estadística no demuestra por sí sola que la OCT-A vaya a predecir el futuro visual de cada paciente.
La imagen ayuda a detectar. Después hay que interpretar, comparar y decidir.
Qué cambia para el paciente diabético
En mi consulta, una prueba como esta tiene sentido cuando responde a una pregunta clínica concreta: si existen cambios microvasculares sutiles, si la evolución entre revisiones merece vigilancia más estrecha o si los hallazgos de la exploración convencional no encajan con los síntomas o con el contexto metabólico.
Lo que no cambia es lo fundamental. Un resultado llamativo en OCT-A no sustituye a la valoración oftalmológica completa. Tampoco convierte una retina sin lesiones visibles en una retina inmune a la diabetes. El estudio apunta a una ventana de detección más temprana, no a un permiso para posponer revisiones ni a una promesa de prevención garantizada.
La conclusión, por tanto, es sencilla: la OCT-A parece captar alteraciones de perfusión macular que pueden preceder a cambios estructurales clínicamente evidentes. Es una pieza adicional del triaje retiniano, potencialmente útil para afinar el seguimiento. Pero el diagnóstico sigue dependiendo de integrar la imagen, la exploración y la evolución del paciente. La tecnología puede señalar el problema; todavía no decide sola qué hacer con él.