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Una columna de Telmo Quirós

Noticia

La oculómica y el control de la presión intraocular: claves en el éxito de la cirugía de glaucoma

Una nueva pieza cae sobre mi mesa cada semana con la palabra "revolución" estampada.

Telmo Quirós, Oftalmólogo clínico y cirujano refractivo·actualizado 04 de septiembre de 2026

La oculómica y el control de la presión intraocular: claves en el éxito de la cirugía de glaucoma

Transforming glaucoma diagnosis and management with the power of oculomics

Esta vez viene de Seúl: según recoge Sportschosun, en el glaucoma avanzado lo que decide si conservas visión central no es el bisturí que elijas, sino cómo se comporta la presión intraocular en el primer mes tras la cirugía. Los datos —523 ojos operados entre enero de 2005 y octubre de 2023— lo respaldan, y el estudio, publicado en el International Journal of Surgery, obliga a cambiar la conversación sobre el posoperatorio. Para mis pacientes, eso significa dejar de preguntar "¿qué técnica es mejor?" y empezar a preguntar "¿cómo controlamos tu presión mañana, pasado y al mes?".

La técnica empata, la presión decide

El equipo de la Facultad de Medicina de la Universidad de Yonsei —con los profesores Kim Chan-yoon, del Hospital Severance; Choi Woong-rak, de Gangnam Severance; y Kim Hee-seok, de Yongin Severance, junto al investigador Han Min-hyung— comparó dos cirugías clásicas, la trabeculectomía y la implantación de la válvula de Ahmed, y no halló diferencias significativas ni en la incidencia de pérdida de visión central ni en el resultado quirúrgico final. Lo que sí movió la aguja fue la estabilidad de la presión intraocular durante el primer mes: en ojos con agudeza visual por encima de 0,1, el enemigo fue la hipotonía, definida como presión por debajo de 8 mmHg; en ojos con visión ya muy mermada, con 0,1 o menos, el riesgo se disparó cuando la presión rebasó los 21 mmHg en el postoperatorio temprano. En total, un 15,9% de los 523 ojos perdió visión central tras la intervención, y el patrón cambia radicalmente según el punto de partida del paciente.

Por qué cambia mi consulta a partir de hoy

Aquí está la parte que de verdad me importa como clínico: hay que tirar a la papelera los protocolos únicos. Si tu visión previa era buena, una presión demasiado baja puede deformar mecánicamente la mácula y el nervio y freír lo que aún te funciona; si ya partíamos de una visión muy limitada, una hipertensión postoperatoria sostenida te deja sin el poco campo que te queda, por menor riego sanguíneo y daño isquémico al nervio. Como resume el profesor Choi Woong-rak, de Gangnam Severance, la clave no es aplicar el mismo listón a todos los operados, sino ajustar el manejo de la presión intraocular al estado visual de cada paciente antes y después de pasar por quirófano. Es la traducción práctica de un mensaje que llevo años repitiendo en consulta: en glaucoma, la cifra de presión aislada no significa nada sin el contexto del ojo que la sufre.

Y un apunte sobre la otra fuente que circula estos días, la reseña de Optometry Times titulada "Transforming glaucoma diagnosis and management with the power of oculomics". La promesa es atractiva —leer el ojo como una ventana al riesgo sistémico y diagnosticar glaucoma desde biomarcadores oculares—, pero lo que llega de momento a mi mesa es solo un titular. Cuando aparezcan datos consistentes detrás de la etiqueta, hablaremos largo y tendido. Mientras tanto, en mi quirófano, sigo afinando el termostato de cada ojo, uno a uno.