Cómo recuperar la salud visual tras el desgaste ocular del verano
Lo decía hace unos días Carles Barnés, director de OftalDex en el Hospital Universitario Dexeus, en una entrevista a ABC: el verano es la época del año que más castiga la superficie ocular.
Telmo Quirós, Oftalmólogo clínico y cirujano refractivo·actualizado 02 de septiembre de 2026

Y cada septiembre me llega a la consulta el mismo paciente: ojos que vuelven "agredidos" de las vacaciones, no descansados.
La factura invisible
Lo veo en mi día a día, y este 2026 no va a ser distinto. El cloro de las piscinas descompone las capas de la película lagrimal; la sal y el viento de la playa irritan y deshidratan; la arena deja microtraumatismos en la córnea, ese parabrisas del ojo que no se regenera como la piel. Encima, la sobreexposición a rayos ultravioleta remata la superficie. Barnés advierte en ABC que la mayoría normaliza estas molestias y las apaña con una lágrima artificial comprada al vuelo en la farmacia. No basta. Y nunca basta cuando debajo de la sequedad hay una inflamación que nadie ha medido todavía. El ojo seco no se resuelve solo: se diagnostica.
Vuelta al trabajo: doble castigo
Aquí está la trampa clínica. Del mar y la terraza pasas, de un día para otro, a ocho horas delante de una pantalla con aire acondicionado de fondo. Parpadeas la mitad, el ojo se deshidrata más, y la superficie ocular recibe una segunda agresión que se suma a la del verano. Lo que en agosto fue cloro, sal y viento, en septiembre es luz de pantalla, aire seco y parpadeo pobre. Barnés lo define como "una doble agresión", y en mi consulta el patrón se repite cada septiembre como un reloj: el ojo seco postvacacional vuelve a ser la primera causa de visita.
Qué revisar y en qué orden
Antes de comprar otra lágrima artificial, pide una evaluación real de la superficie ocular. Un "tengo los ojos secos" no es diagnóstico, es un síntoma. Hay que mirar el menisco lagrimal, medir la osmolaridad, descartar una meibomitis o una blefaritis asociada, y solo después decidir qué tratamiento toca. Quien use lentes de contacto a diario, ya tenga ojo seco diagnosticado, trabaje ocho horas frente a pantallas o simplemente perciba que septiembre le pilla con peor vista que antes de irse de vacaciones, debería pedir cita ya. Esperar a noviembre a ver si "se pasa solo" es la peor decisión que puede tomar un paciente. La superficie ocular inflamada no se recupera sola: se trata, o se cronifica. Y ojo seco crónico son años de tratamiento, gotas, consultas y frustración, no semanas. Por eso la revisión importa, y por eso septiembre es buen momento para hacerla, no para esperar a que el frío o la humedad del otoño disimulen los síntomas.