Dolor intenso y pérdida de visión: la grave infección ocular que requiere atención urgente
En consulta lo veo menos de lo que la gente cree, pero cuando aparece, no avisa con cortesía.
Telmo Quirós, Oftalmólogo clínico y cirujano refractivo·actualizado 01 de septiembre de 2026

La endoftalmitis: cuando el ojo se inflama por dentro y el reloj empieza a contar
La endoftalmitis es una infección del interior del globo ocular, casi siempre bacteriana y, en menor medida, fúngica, que puede dejar al paciente con una visión seriamente mermada o, directamente, sin ojo funcional. La tasa es baja —en cirugía de cataratas se mueve por debajo del 0,3% de las intervenciones—, pero cuando te toca a ti, las estadísticas dejan de importar. Importan las horas.
Síntomas que no admiten "ya mañana"
El cuadro no se disfraza. Dolor ocular que va in crescendo en vez de calmarse, pérdida brusca de visión o bajada visual significativa, enrojecimiento marcado del ojo y secreción. Si un paciente me llega con esa combinación, no le digo "tómate esto y vemos en una semana". Le digo que se persone en urgencias oftalmológicas hoy. Mi colega Andrés Contreras, de Clínica Oftalmológica Pasteur, lo resume con la crudeza que toca: "La endoftalmitis es una emergencia oftalmológica absoluta. Si un paciente presenta dolor intenso, disminución brusca de la visión o un enrojecimiento importante del ojo, debe acudir inmediatamente a un servicio de urgencia especializado".
El origen más frecuente está en procedimientos intraoculares —cirugía de cataratas, inyecciones intravítreas—, pero también aparece tras un traumatismo penetrante o, más raramente, por una infección que viaja por la sangre desde otro foco del cuerpo. Esto último es importante: no todo ojo rojo postoperatorio es "normal" o "esperable". Algunos están gritando.
Qué se hace y por qué el reloj manda
El tratamiento no es ambulatorio ni casero. antibióticos intravítreos —directamente dentro del ojo, no en colirio de farmacia—, fármacos sistémicos según el caso y, si la cosa se pone fea, vitrectomía para retirar el material infectado y bajar la inflamación. Son palabras mayores, pero la alternativa —perder visión de forma irreversible— lo es más.
Contreras lo cierra con un dato que comparto al cien por cien: "La buena noticia es que hoy contamos con tratamientos altamente efectivos cuando el paciente consulta precozmente. El tiempo de reacción sigue siendo el factor más importante para preservar la visión". Traducido: la biología no negocia. Si la córnea es el parabrisas del ojo, la endoftalmitis es lo que pasa cuando algo rompe ese parabrisas por dentro y la infección se extiende al habitáculo.
Lo que le digo a cualquier paciente en la puerta del quirófano
Antes de una cirugía intraocular, firmamos un consentimiento informado donde la endoftalmitis aparece como riesgo, y muchos lo leen como quien lee la letra pequeña del contrato del banco. Error. Lo que hay que retener es esto: si en los días o semanas siguientes al procedimiento aparece dolor que no cede, visión que cae o un ojo claramente más rojo e inflamado que el otro, no hay "esperar a ver si pasa". Hay urgencias. La diferencia entre un ojo salvado y uno perdido se mide, literalmente, en horas. Y eso no lo digo yo como advertencia genérica: lo digo como alguien que sabe lo que cuesta recuperar una visión que se ha podido conservar con una llamada a tiempo.