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Ciencia y claridad para tus ojos

Una columna de Telmo Quirós

Desprendimiento de retina: el día que ignoré los destellos

El desprendimiento de retina suele empezar con dos síntomas que muchos pacientes despachan como una molestia menor: destellos luminosos y un aumento repentino de manchas flotantes. El problema es que la retina no avisa con dolor.

Telmo Quirós, Oftalmólogo clínico y cirujano refractivo·Actualizado: 28 de agosto de 2026·15 min de lectura

Desprendimiento de retina: el día que ignoré los destellos

Desprendimiento de retina: las señales de alarma que la retina no envía con dolor

Puede estar desgarrándose mientras el paciente sigue con su día, conduce, trabaja o espera a que las luces desaparezcan por sí solas.

En consulta, la duda se repite con distintas palabras: si esos destellos significan que se va a perder visión. No. Pero tampoco significan que puedan ignorarse. La mayoría de las moscas volantes no terminan en un desprendimiento de retina. Aun así, cuando aparecen de forma brusca, acompañadas de relámpagos, una sombra o una cortina en el campo visual, la prioridad no es buscar explicaciones tranquilizadoras en internet. Es explorar la retina cuanto antes.

Lo digo con claridad porque el tiempo aquí no juega a favor del paciente. El desprendimiento de retina es una urgencia oftalmológica. No siempre se puede prevenir por completo, pero sí se puede frenar un desgarro antes de que el líquido se cuele bajo la retina y la separe del tejido que la nutre.

Un destello nuevo no es un diagnóstico de desprendimiento de retina. Es una señal para examinar la retina, que es algo bastante más útil.

La anatomía de una urgencia: cuando el vítreo tracciona la retina

La retina es el tejido nervioso que tapiza la parte posterior del ojo. Capta la luz y transforma esa información en señales que viajan por el nervio óptico hasta el cerebro. No es una película que se pueda cambiar cuando se estropea. Es tejido vivo, delicado y con una función muy concreta.

Delante de ella está el vítreo, un gel transparente que ocupa gran parte del interior del globo ocular. Puede imaginarse como la sustancia gelatinosa que mantiene el volumen del ojo, aunque la comparación termina ahí. Con la edad, el vítreo cambia: se vuelve más líquido, se condensa en algunas zonas y puede separarse de la retina. A este proceso se le llama desprendimiento posterior del vítreo, o DPV.

El DPV es frecuente y, muchas veces, no produce consecuencias graves. El problema aparece cuando el vítreo, al retraerse, tira de una zona de la retina y provoca un desgarro. En los desprendimientos posteriores del vítreo sintomáticos, esa tracción causa un desgarro retiniano en torno a uno de cada diez casos. No es una razón para entrar en pánico. Es una razón para no hacer diagnósticos desde el sofá.

El desprendimiento de retina más habitual es el regmatógeno. El término parece diseñado para complicar una conversación sencilla, pero el mecanismo se entiende bien: existe una rotura o un desgarro en la retina y el líquido pasa por esa abertura hacia el espacio subretiniano. La retina comienza a separarse del tejido que la sostiene y nutre.

Al principio, la lesión puede ser pequeña. Después puede avanzar. La velocidad no es idéntica en todos los pacientes, y nadie puede calcular con seguridad la evolución de un caso concreto solo por teléfono. Por eso la evaluación debe hacerse con una exploración del fondo de ojo, habitualmente con dilatación pupilar, y con las pruebas complementarias que el oftalmólogo considere necesarias.

Fotopsias y miodesopsias: la diferencia entre lo benigno y lo crítico

Las fotopsias son destellos, relámpagos o flashes que aparecen sin que exista una fuente de luz real delante del paciente. Las miodesopsias son las llamadas moscas volantes: puntos, hilos, telarañas o manchas que parecen desplazarse con la mirada.

Ambos síntomas pueden aparecer cuando el vítreo tracciona sobre la retina. Esa tracción estimula mecánicamente las células retinianas y el cerebro interpreta el fenómeno como luz. No hace falta que entre un rayo por la ventana. El ojo puede fabricar la sensación de relámpago desde dentro, y no precisamente por motivos sobrenaturales.

La forma de aparición importa más que la existencia aislada del síntoma. Una pequeña mancha flotante que lleva años igual suele tener un significado distinto a una nube repentina de puntos negros que aparece en una tarde. Un destello ocasional en un paciente ya estudiado tampoco se interpreta igual que flashes nuevos en un ojo que nunca se ha explorado.

En términos prácticos, estas son las diferencias que se utilizan para orientar el triaje:

Situación visualQué puede significarQué hacer
Una o pocas manchas flotantes antiguas, estables y sin otros síntomasCambios vítreos crónicos, con frecuencia benignosComentar el síntoma en la revisión oftalmológica
Aparición brusca de muchas moscas volantesDesprendimiento posterior del vítreo, hemorragia u otra alteración retinianaSolicitar valoración oftalmológica urgente
Destellos nuevos, repetidos o claramente localizados en un ojoTracción del vítreo sobre la retina; puede existir un desgarroExplorar la retina cuanto antes
Sombra fija, zona oscura o cortina que invade la visiónPosible progresión de un desprendimiento de retinaAcudir de inmediato a urgencias oftalmológicas
Luces en zigzag durante 20-30 minutos, similares en episodios previosPuede corresponder a aura migrañosa, si ya ha sido diagnosticadaConsultar si el patrón cambia o aparece por primera vez

La tabla no sustituye una exploración. Sirve para entender por qué no conviene meter todos los fenómenos luminosos en el mismo saco. La oftalmología no funciona con una regla infantil de «mancha igual a desprendimiento». Pero tampoco con la regla opuesta, mucho más peligrosa, de «si no duele, no es importante».

Cuando las manchas flotantes son realmente nuevas

El paciente suele describirlas como una mosca, una telaraña o humo. La descripción es útil, pero no decide el diagnóstico. Lo que eleva la preocupación es el cambio repentino: muchas manchas nuevas, especialmente si se acompañan de flashes, visión borrosa o una sombra lateral.

A veces esas manchas corresponden a condensaciones del vítreo sin desgarro. Otras veces pueden relacionarse con sangre dentro del ojo. Si hay una hemorragia vítrea, la visión puede llenarse de puntos, nubes o una neblina oscura. No es el momento de esperar a ver si el cuerpo lo reabsorbe sin que nadie haya revisado el origen.

Y aquí aparece un error frecuente: cuando el destello desaparece, el paciente interpreta que el peligro también ha desaparecido. No necesariamente. La tracción puede ser intermitente. El síntoma puede ir y venir. La retina no firma un contrato de permanencia con cada señal de alarma.

El efecto cortina: la señal que cambia la prioridad

La aparición de una sombra oscura, una zona negra o una cortina que avanza por el campo visual es una señal de alarma mayor. Puede empezar en un lateral y extenderse. Puede sentirse como si una parte de la visión estuviera cubierta. También puede manifestarse como una pérdida de campo visual que el paciente intenta compensar moviendo la cabeza.

Cuando la retina comienza a desprenderse, la visión afectada puede perder definición o campo. Si el área central, incluida la mácula, queda comprometida, el impacto visual puede ser mucho mayor. Por eso no conviene esperar a que la cortina cubra la mitad del ojo para buscar ayuda. En una urgencia retiniana, esperar a que el síntoma se vuelva evidente no es prudencia. Es retraso.

El desprendimiento de retina suele ser indoloro. Este dato debe repetirse porque contradice una intuición muy arraigada: muchas personas creen que una lesión importante tiene que doler. La retina no tiene la misma sensibilidad dolorosa que la córnea o las estructuras externas del ojo. Puede desprenderse sin provocar dolor físico.

Ese es uno de los motivos por los que los síntomas visuales tienen tanto peso. Si aparece una alteración nueva en la percepción de la luz o del campo visual, no hay que exigirle al ojo que además duela para tomarla en serio.

Destellos retinianos frente a aura migrañosa

No todo destello procede de una rotura retiniana. La migraña con aura puede producir luces, líneas en zigzag, zonas brillantes o alteraciones del campo visual. En muchos casos, el fenómeno dura aproximadamente entre 20 y 30 minutos y afecta a la percepción visual de una forma más amplia, no siempre limitada a un solo ojo.

Las fotopsias relacionadas con tracción retiniana suelen ser más breves, como relámpagos o chispazos de milisegundos, y pueden repetirse al mover el ojo o en la oscuridad. Pero describir la duración no basta para diagnosticar. La percepción de un ojo y los dos ojos tampoco siempre es fiable cuando el fenómeno ocurre dentro del campo visual.

Si el aura migrañosa ya ha sido diagnosticada, se repite con el mismo patrón y no hay síntomas nuevos, el manejo será distinto. Si es el primer episodio, cambia la forma, aparece una sombra, se acompaña de muchas manchas nuevas o afecta claramente a un solo ojo, hay que descartar una causa retiniana.

No todo es migraña. La palabra se utiliza a veces como una manta para tapar cualquier fenómeno luminoso. En oftalmología, eso es una mala costumbre.

Del desgarro a la cirugía: cómo se intenta conservar la visión

El tratamiento depende de lo que encuentre el oftalmólogo. No existe una única operación válida para todos los desprendimientos de retina. La localización de los desgarros, la extensión del desprendimiento, el estado del vítreo, la afectación de la mácula y las características del ojo determinan la estrategia.

La situación más favorable es detectar un desgarro antes de que la retina se haya desprendido. En ese escenario puede aplicarse fotocoagulación con láser alrededor de la lesión. El láser crea una barrera de adhesión que ayuda a impedir que el líquido avance bajo la retina. No es una cirugía mayor, pero tampoco es un tratamiento decorativo. Requiere localizar correctamente el desgarro y valorar toda la retina periférica.

Cuando ya existe un desprendimiento, las opciones principales son la vitrectomía, la cirugía escleral y la retinopexia neumática. Cada una tiene indicaciones concretas. El paciente no debe elegir como quien compara colores de una funda de móvil; la anatomía decide más que las preferencias.

Vitrectomía

En la vitrectomía se retira el vítreo que está traccionando de la retina. Después se reaplica la retina y se utiliza un medio interno, como gas o aceite de silicona, según las necesidades del caso. El cirujano busca cerrar las roturas y estabilizar la retina.

Cuando se emplea gas, las indicaciones posteriores son importantes. Puede ser necesario mantener determinadas posiciones de la cabeza durante un tiempo. Además, el paciente no debe viajar en avión mientras exista una burbuja de gas intraocular, porque los cambios de presión pueden ser peligrosos. No es un detalle administrativo. Es parte del tratamiento.

Cirugía escleral

La cirugía escleral coloca un elemento de soporte alrededor del ojo para reducir la tracción y favorecer el cierre de las roturas. Puede combinarse con otras maniobras, dependiendo del desprendimiento.

Es una técnica con una lógica mecánica muy clara: modificar la pared externa del globo ocular para que la retina pueda volver a apoyarse. El nombre puede sonar aparatoso, pero la indicación no se decide por la impresión que cause la palabra «banda» o «cerclaje». Se decide por el tipo de lesión.

Retinopexia neumática

La retinopexia neumática utiliza una burbuja de gas dentro del ojo para ayudar a cerrar la rotura y reaplicar la retina, habitualmente junto con láser o crioterapia. Es una opción seleccionada para determinados desprendimientos, no una solución universal.

Su éxito depende, entre otras cosas, de que la rotura sea accesible, de que el paciente pueda mantener la posición indicada y de que no existan múltiples lesiones que hagan insuficiente el procedimiento. Si la burbuja no queda frente a la zona adecuada, el tratamiento pierde eficacia. La física también participa en el quirófano, aunque no lleve bata.

Qué ocurre después

La recuperación visual no se puede prometer con una cifra idéntica para todos. Depende de cuánto tiempo haya estado desprendida la retina, de si la mácula se ha afectado, del tamaño y localización de las roturas y de la respuesta al tratamiento.

El desprendimiento puede repararse anatómicamente y, aun así, la visión no recuperar por completo su nivel previo. Entre las posibles secuelas del desprendimiento de retina se cuentan la visión borrosa, la deformación de las imágenes (metamorfopsia), la pérdida de parte del campo visual, la dificultad para leer o la alteración de la sensibilidad al contraste. No aparecen siempre, pero deben explicarse antes de la intervención para que el paciente entienda qué se persigue y qué no se puede garantizar.

También pueden ser necesarias nuevas cirugías o procedimientos adicionales. La retina puede volver a desprenderse. Puede aparecer una proliferación vitreorretiniana, una complicación en la que se forman membranas y fuerzas de tracción que dificultan la reaplicación. El seguimiento no termina cuando el paciente sale del quirófano.

El objetivo inicial es salvar la retina. El objetivo siguiente es recuperar la mayor visión posible. Son dos metas relacionadas, pero no idénticas.

Factores de riesgo y revisión del otro ojo

Hay ojos con más riesgo de sufrir un desgarro o un desprendimiento. Entre los factores conocidos están la miopía alta, una cirugía previa de cataratas, los traumatismos oculares, determinadas alteraciones periféricas de la retina y los antecedentes de desprendimiento en el otro ojo.

El antecedente en el ojo contralateral aparece en torno a uno de cada diez casos. Esa cifra no significa que el segundo ojo vaya a desprenderse inevitablemente. Significa que la historia ocular completa cambia el nivel de vigilancia. Un paciente que ya ha sufrido un desprendimiento no debe considerar la revisión del otro ojo como una formalidad.

Los traumatismos merecen una mención específica. Un golpe puede producir lesiones retinianas inmediatas o favorecer complicaciones que se manifiesten después. No hace falta que el ojo haya quedado espectacularmente morado para que exista una lesión interna. El aspecto externo no siempre cuenta la historia completa, y un fondo de ojo puede revelar desgarros que el espejo del baño jamás mostraría.

La miopía alta también modifica la anatomía ocular. Un ojo más largo puede presentar una retina más estirada y zonas periféricas vulnerables. Esto no convierte cada destello en una catástrofe, pero sí hace menos razonable posponer una exploración cuando el síntoma es nuevo.

Cómo actuar ante los síntomas

Cuando aparecen fotopsias o miodesopsias nuevas, la recomendación es sencilla y poco glamourosa: frenar la actividad y solicitar una valoración oftalmológica urgente. No se debe conducir si la visión está alterada. Si aparece una cortina, una sombra fija o una pérdida de campo visual, se debe acudir directamente a urgencias.

Una guía práctica:

1. Anotar cuándo comenzaron los síntomas. No para entretener al médico, sino para valorar si se trata de un cambio reciente y cómo ha evolucionado.

2. Observar si aparecen en un ojo o en ambos. Se puede tapar uno y luego el otro, sin retrasar por ello la consulta.

3. Describir el cambio con precisión. No es lo mismo una mancha aislada que una lluvia de puntos, ni un destello único que relámpagos repetidos.

4. Buscar atención el mismo día si los síntomas son nuevos. La exploración debe incluir, cuando proceda, la periferia de la retina, no solo una medición de agudeza visual.

5. No esperar al dolor. La ausencia de dolor no descarta un desprendimiento de retina.

6. No tranquilizarse porque el destello haya desaparecido. El síntoma puede ser transitorio y la lesión seguir presente.

Una revisión de la retina no consiste simplemente en leer letras en una pantalla. La agudeza visual puede ser buena cuando el problema se encuentra en la periferia retinal. Por eso una persona puede leer razonablemente bien y, sin embargo, tener un desgarro que exige tratamiento.

El error de llamar a todo «moscas volantes»

Las miodesopsias antiguas y estables son frecuentes. Se notan más contra fondos claros, una pared blanca, el cielo raso o la pantalla del ordenador. Conviven con el paciente durante años sin mayores consecuencias. El problema surge cuando esa familiaridad se extiende a síntomas que no tienen nada de crónicos ni de estables.

Llamar «moscas volantes» a una lluvia de puntos negros que aparece en una tarde es un error de etiqueta que puede costar caro. Lo mismo ocurre con los flashes que se repiten durante varios días y se achacan a cansancio, a la luz del fluorescente o a una mala noche. La retina no suele participar en ninguna de esas tres causas.

Otra confusión habitual llega desde la automedicación o la búsqueda apresurada de soluciones en internet. Hay quien interpreta que unas vitaminas o un descanso prolongado van a «reabsorber» un desgarro. No es así. Un desgarro retiniano no se cierra solo. Lo que sí puede cerrarse es una conversación con el oftalmólogo antes de que la situación se complique.

Tampoco ayuda la idea de que, si el síntoma fue leve, la causa también lo es. La tracción vítrea puede ser leve y aun así producir una rotura que evolucione. La sensación subjetiva es una pista, no un diagnóstico. Por eso conviene tratarla como lo que es: el motivo para pedir una revisión, no la conclusión de la misma.

Revisión tras un primer episodio

Cuando un paciente ha pasado por un desgarro o un desprendimiento tratado, el calendario de revisiones cambia. Las primeras semanas tras la cirugía o el láser son críticas: se valora la reaplicación, la posición de la burbuja de gas si la hubo y la aparición de membranas. Después, las visitas se van espaciando, pero no desaparecen.

En el ojo contralateral, la vigilancia se mantiene durante años. Si existen lesiones predisponentes en la periferia —degeneraciones en empalizada, agujeros, diálisis retinianas—, el oftalmólogo puede plantear un tratamiento profiláctico con láser. No siempre. Pero cuando los hallazgos lo justifican, tratar a tiempo esos puntos débiles puede evitar un segundo episodio mucho más serio.

Conviene también que el paciente conozca sus propios factores de riesgo. Un miope alto no deja de serlo tras una cirugía. Un ojo que ya se ha desprendido no vuelve a ser, estadísticamente, un ojo sin historia. Esa información condiciona decisiones cotidianas: consultar antes un síntoma nuevo, no posponer revisiones, y entender que una urgencia retiniana no se programa, se atiende.

La retina avisa a su manera: con luces que no existen y con sombras que avanzan. El trabajo de quien la cuida es tomarse esas señales en serio antes de que la anatomía se imponga.

Preguntas frecuentes

¿Los destellos en un ojo significan que voy a perder la visión?
No necesariamente. Un destello nuevo no diagnostica un desprendimiento de retina, pero puede indicar tracción del vítreo sobre la retina y debe motivar una exploración cuanto antes.
¿Cuándo son preocupantes las moscas volantes?
Preocupan especialmente cuando aparecen de forma brusca y en gran cantidad, sobre todo si se acompañan de destellos, visión borrosa o una sombra lateral. En ese caso se recomienda solicitar una valoración oftalmológica urgente.
¿Qué debo hacer si veo una cortina o una sombra en el campo visual?
Una sombra fija, una zona negra o una cortina que avanza pueden indicar la progresión de un desprendimiento de retina. Hay que acudir directamente a urgencias oftalmológicas.
¿Puede haber un desprendimiento de retina sin dolor?
Sí. El desprendimiento de retina suele ser indoloro, por lo que la ausencia de dolor no descarta una lesión importante.
¿Se puede tratar un desgarro de retina antes de que se produzca un desprendimiento?
Sí. Si se detecta un desgarro antes del desprendimiento, puede aplicarse fotocoagulación con láser alrededor de la lesión para ayudar a impedir que el líquido avance bajo la retina.