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Una columna de Telmo Quirós

Noticia

Por qué las patologías de retina progresan sin síntomas ni dolor aparente

El Consejo General de Colegios de Ópticos-Optometristas ha soltado esta semana un aviso que en mi consulta conozco al dedillo: las enfermedades de la retina pueden avanzar sin dolor, sin síntomas y sin que el paciente perciba cambios claros en su visión.

Telmo Quirós, Oftalmólogo clínico y cirujano refractivo·actualizado 23 de septiembre de 2026

Por qué las patologías de retina progresan sin síntomas ni dolor aparente

Con motivo del Día Mundial de la Retina, que se celebra el 27 de septiembre, insisten en algo que llevo años repitiendo desde el sillón del oftalmólogo: no se puede esperar a perder vista para moverse.

Lo que no avisa

La retina, para entendernos, es el sensor del ojo. Esa capa finísima de tejido nervioso que tapiza el fondo y convierte la luz en señales eléctricas que el cerebro traduce en imágenes. Cuando se estropea, no duele. No avisa. No pita. Las tres grandes amenazas que progresan en silencio son las que más me preocupan en consulta:

  • Retinopatía diabética: en sus primeras fases, silencio absoluto. Cuando el diabético nota algo, el daño vascular lleva tiempo haciendo de las suyas en los capilares retinianos.
  • Degeneración macular asociada a la edad (DMAE), incluida la atrofia geográfica: la forma seca temprana es traidora precisamente por eso, porque no molesta y el paciente va tirando hasta que un día la mancha central aparece de golpe.
  • Distrofias hereditarias de retina: menos frecuentes, pero con el mismo patrón silencioso al inicio.

Si tienes diabetes, antecedentes familiares de patología retiniana o has cruzado los 60, esto no es un consejo genérico: es un protocolo. Y punto.

Qué hacer antes de quejarse

Andrés Gené Sampedro, presidente del CGCOO, lo ha dejado claro: la labor del óptico-optometrista no se limita a graduar, también informa, promueve hábitos saludables e identifica signos de sospecha que justifican la derivación al oftalmólogo. En España hay más de 20.000 ópticos-optometristas y cerca de 10.500 establecimientos sanitarios de óptica, una red accesible que muchos siguen infravalorando.

Mi recomendación, sin paños calientes:

1. Diabético: revisión oftalmológica anual con fondo de ojo. Sin excusas, sin "ya iré el mes que viene".

2. Mayor de 50 años: examen de retina cada dos años. Anual si fumas o hay antecedentes familiares de DMAE.

3. Moscas volantes nuevas, destellos o una mancha oscura central: no esperes a la próxima cita. Acudes en días.

4. No confundas óptica con oftalmología. El óptico-optometrista es un profesional sanitario clave en cribado, pero el diagnóstico médico y el tratamiento corresponden al oftalmólogo.

Mientras tanto, equipos como los del CHUS en Santiago trabajan en biomarcadores para anticipar la principal causa de pérdida visual grave en mayores de 65 años. Buen camino, pero aún en fase de investigación: no es excusa para saltarse las revisiones mientras tanto.

El veredicto

La retina no se regenera como la piel. Cuando una capa de fotorreceptores muere, muere. Por eso el mejor tratamiento es el que llega antes de que notes nada. Si esperas a que la visión baje, llegas tarde. Si eres de los que solo pisa al especialista cuando algo va mal, tienes un problema: lo que no avisa es justo lo que más hay que vigilar.