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Una columna de Telmo Quirós

Noticia

Cómo el ejercicio físico ayuda a prevenir el glaucoma y la degeneración macular

Una revisión recogida por Infobae y publicada en Frontiers in Medicine responde por fin a la pregunta que me sueltan en consulta casi a diario: ¿caminar cada día protege la vista de verdad?

Telmo Quirós, Oftalmólogo clínico y cirujano refractivo·actualizado 21 de septiembre de 2026

Cómo el ejercicio físico ayuda a prevenir el glaucoma y la degeneración macular

Los datos empiezan a ser lo bastante sólidos como para dejar de tratarlo como un consejo de revista y empezar a recetarlo como un complemento real del tratamiento médico. En la trinchera de la consulta, el sedentarismo es un factor de riesgo modificable que interactúa con la presión intraocular, la circulación del nervio óptico y el metabolismo de la glucosa. Tres dianas donde sí podemos actuar.

Lo que el ratón correoso nos enseña

Uno de los estudios que cita la revisión, difundido por la Academia Americana de Oftalmología, es experimental: dos grupos de seis ratones, uno con rueda de ejercicio y otro sin ella, durante cuatro semanas. Después les provocaron una lesión láser para reproducir los patrones de la degeneración macular asociada a la edad. Los activos desarrollaron hasta un 45% menos de daño ocular. J. Kevin McKinney, oftalmólogo y portavoz de la Academia, coincide en que el hallazgo refuerza lo que ya venía sugiriendo la literatura previa.

Ojo: esto no convierte tu cinta de correr en una cura. Es un modelo animal, con seis ratones por grupo, y extrapolar eso a una persona de 70 años con factores de riesgo cardiovascular es, como mínimo, una imprudencia. Pero el dato tiene valor porque encaja con un mecanismo biológico plausible: mejor flujo sanguíneo a la retina y a la mácula (ese trocito central de la retina que te permite leer y reconocer caras), menos inflamación y menos estrés oxidativo. La retina, para que te hagas una idea, funciona como el sensor de una cámara: necesita oxígeno y nutrientes a demanda constante. Si el sistema cardiovascular falla, el sensor se degrada antes.

Lo que pasa cuando esto se mide en personas

La misma revisión recoge estudios observacionales en humanos, y aquí es donde la cosa se pone interesante para quien ya tiene glaucoma o DMAE en su historial familiar. Uno siguió a 9.519 participantes durante 5,7 años y registró menor incidencia de glaucoma entre quienes cumplían las pautas de actividad física. Otro análisis asoció niveles más altos de actividad moderada-vigorosa con una pérdida más lenta del campo visual en pacientes ya diagnosticados de glaucoma.

El matiz importa: son estudios observacionales, no ensayos clínicos randomizados a gran escala. Eso significa que no puedo prometerte que correr media hora al día te vaya a «curar» el glaucoma. Pero sí puedo decirte — y esto es lo que repito en consulta — que el ejercicio regular se asocia a menor incidencia y a progresión más lenta. Y en patología ocular, frenar la progresión ya es muchísimo.

El veredicto, sin paños calientes

Si me preguntas qué hago yo con esto en la práctica: a todo paciente con glaucoma incipiente, DMAE precoz o antecedentes familiares de ambos le meto el ejercicio en la receta junto con el control de tensión arterial y glucemia. No como sustituto del tratamiento médico — el seguimiento del campo visual y la pauta farmacológica siguen siendo la columna vertebral del manejo —, sino como un complemento con base fisiológica real.

El Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE. UU. estima que cerca de 20 millones de personas mayores de 40 años en ese país presentan algún grado de DMAE, una cifra que seguirá creciendo con el envejecimiento poblacional. No tenemos balas mágicas para frenar la neurodegeneración retiniana. Pero sí tenemos algo barato, accesible y con efectos secundarios casi nulos: mover el cuerpo. No te pido hazañas. Te pido que dejes el coche para trayectos cortos, subas por escaleras y camines a paso vivo con regularidad. La retina te lo agradecerá antes de que tú te des cuenta.