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Una columna de Telmo Quirós

Noticia

Retinosis pigmentaria: cómo identificar los primeros fallos en la visión nocturna

La advertencia llega desde el Instituto Oftalmológico Fernández Vega, de la mano de la oftalmóloga Beatriz Fernández-Vega, y merece una consulta antes que un «ya se me pasará».

Telmo Quirós, Oftalmólogo clínico y cirujano refractivo·actualizado 22 de septiembre de 2026

Retinosis pigmentaria: cómo identificar los primeros fallos en la visión nocturna

Ver peor al anochecer, tardar más en adaptarse a la oscuridad o notar cómo el campo visual periférico se va estrechando son las primeras huellas de la retinosis pigmentaria, una enfermedad genética que ya está dañando la retina desde el nacimiento aunque el paciente no se entere hasta los 10, los 20 o los 30 años. Con motivo de su Día Mundial, este 27 de septiembre, el aviso es para tomárselo en serio: frenamos antes si lo detectamos antes.

Donde la retina empieza a fallar

El primer síntoma es casi siempre el mismo en consulta: «doctor, de noche veo fatal» o «me cuesta adaptarme cuando entro en un sitio oscuro». Lo que está pasando por detrás es la degeneración de los bastones, esas células fotorreceptoras que nos permiten movernos cuando la luz escasea; la córnea y el cristalino están bien, el problema está en el fondo del ojo. Después llega el famoso efecto túnel, esa pérdida del campo periférico que convierte bajar escaleras, cruzar una calle concurrida o conducir en una aventura de riesgo. Y antes de la pregunta inevitable: no, no avisa con dolor, ni con un apagón visual repentino, por eso muchos tardan en pedir cita. La enfermedad agrupa trastornos genéticos que atacan a bastones, conos y al epitelio pigmentario retiniano, y en sus fases avanzadas puede acabar en ceguera legal.

La lotería genética que no tocas

Aquí no hay color: la herencia manda. Patrón autosómico dominante, basta con que un progenitor esté afectado para que cada hijo tenga un 50% de probabilidades de heredar la mutación. Autosómico recesivo, los padres son portadores sanos y el riesgo de transmisión es del 25%. Ligado al cromosoma X, las madres pueden ser portadoras sin síntomas y pasárselo a sus hijos varones. Y para quien piense «en mi familia no hay antecedentes, estoy tranquilo», una puntualización: la retinosis pigmentaria puede aparecer aunque nadie la tenga declarada en el árbol genealógico. Además, dos hermanos con idéntica mutación pueden evolucionar de forma completamente distinta, lo que hace del seguimiento especializado y, cuando toque, del estudio genético las dos herramientas clave para abrir puertas a ensayos clínicos.

Sin cura todavía, pero no sin opciones

Hoy por hoy no existe un tratamiento definitivo. Pero tampoco estamos en blanco, ni mucho menos. Hay líneas de investigación abiertas con terapia génica, implantes retinianos, tratamientos neuroprotectores y aproximaciones celulares, todas todavía en fase experimental. Mientras la ciencia avanza, hay decisiones reales que se pueden aplicar ya en el día a día: filtros específicos contra el deslumbramiento, ayudas para baja visión, rehabilitación visual y una adaptación del entorno que, en consulta, suele ser la diferencia entre mantener autonomía y perderla. Esto no es magia de despacho: es trinchera clínica, del tipo de detalle que se nota en cómo vives. Si en tu familia hay antecedentes o llevas meses chocándote con sombras que no deberían estar ahí, pide una revisión oftalmológica completa y un campo visual. Cuanto antes, mejor.