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Una columna de Telmo Quirós

Noticia

Cuatro enfermedades oculares silenciosas: claves para detectarlas y proteger tu vista

La oftalmóloga Amelia Robles ha detallado esta semana en la COPE las cuatro enfermedades oculares que más daño hacen a la visión y que comparten un rasgo incómodo: avanzan durante años prácticamente sin síntomas.

Telmo Quirós, Oftalmólogo clínico y cirujano refractivo·actualizado 21 de septiembre de 2026

Cuatro enfermedades oculares silenciosas: claves para detectarlas y proteger tu vista

Cuatro patologías que avanzan sin avisar: lo que Amelia Robles ha contado en COPE y lo que firmo desde la consulta

Como clínico que las ve cada semana en consulta, suscribo cada palabra y aprovecho para ordenar lo que más me preguntan los pacientes.

Glaucoma: el ladrón silencioso del nervio óptico

Robles no se anda con rodeos: "el glaucoma es una ceguera silenciosa y es la primera causa de ceguera que tenemos en el mundo". El nervio óptico —ese cable que envía la imagen desde la retina al cerebro— se deteriora por una presión intraocular elevada, aunque también puede dañarse con valores que la óptica da por normales. El drama es que no duele, no avisa, y cuando el paciente llega con pérdida de visión, el daño ya es prácticamente siempre irreversible.

Mi protocolo en consulta es tajante: fondo de ojo y tonometría a partir de los 40 años en cualquier paciente. Robles ha sido clara: las personas con antecedentes familiares o con miopía deben pasar por esa revisión antes de esa edad. Y si en la óptica te han dicho que la tensión del ojo está alta, no lo archives como un "ya me miraré": la cita con el oftalmólogo es obligatoria. La presión intraocular tiene tratamiento, pero solo si la detectamos a tiempo.

DMAE: cuando la mácula se jubila antes que tú

La degeneración macular asociada a la edad ataca justo donde más necesitas la visión central fina: la mácula, el punto de mayor agudeza dentro de la retina, lo que viene siendo el "8K" del ojo. La forma seca representa cerca del 90% de los casos y avanza por la acumulación de drusas, esos depósitos bajo la retina que van aflojando la imagen poco a poco. La húmeda es menos frecuente, pero mucho más agresiva: vasos sanguíneos anormales que crecen bajo la retina y aceleran la pérdida de visión central.

La señal que no debes ignorar, según los datos que manejan centros como Cleveland Clinic: dificultad creciente para leer, escribir, conducir o distinguir detalles de frente. La visión lateral suele conservarse, y precisamente por eso muchos lo achacan a "cosa de la edad" y retrasan la visita al especialista. A partir de los 55, retina bajo control cada año.

Ojo seco y miopía infantil: los otros dos avisos

Robles ha incluido en su lista de cuatro el ojo seco y la miopía infantil. El ojo seco no es una "molestia": es inflamación crónica de la superficie ocular, y arruina la calidad de vida más de lo que la gente se piensa. La miopía infantil, por su parte, es la epidemia silenciosa: niños con horas de pantalla y poco juego al aire libre, con un ojo que crece de más. La propia Robles lo ha recordado al señalar que los miopes deben revisarse antes de los 40 años precisamente por su mayor riesgo de glaucoma.

En ambos casos, la receta es la misma: oftalmólogo, no solo óptica. Lágrimas artificiales de calidad para el ojo seco, evaluación real de la causa y, para los niños, juego al aire libre y revisión anual con el especialista, no solo graduación en la óptica del barrio.

El veredicto desde la consulta

Cuatro enfermedades, una sola actitud: revisión periódica con el oftalmólogo, no solo con la óptica. Cuarenta años: glaucoma fuera. Cincuenta y cinco: mácula vigilada. Niños: al parque y al especialista, no solo a graduar la vista. Y si la óptica te ha dado un aviso de tensión alta o de cualquier hallazgo raro, no lo postergues: el bisturí no arregla lo que el reloj no detecta a tiempo.