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Una columna de Telmo Quirós

Noticia

Nuevos insertos oculares impresos en 3D para tratar el glaucoma de forma constante

Según publica el CONICET junto con medios argentinos como Infofueguina y Consenso Salud, un equipo de la Universidad Nacional de Córdoba acaba de dar un paso interesante contra el glaucoma: insertos…

Telmo Quirós, Oftalmólogo clínico y cirujano refractivo·actualizado 20 de septiembre de 2026

Nuevos insertos oculares impresos en 3D para tratar el glaucoma de forma constante

Según publica el CONICET junto con medios argentinos como Infofueguina y Consenso Salud, un equipo de la Universidad Nacional de Córdoba acaba de dar un paso interesante contra el glaucoma: insertos oculares impresos en 3D que liberan acetazolamida directamente en el fondo del saco conjuntival. La idea es sencilla y, como oftalmólogo, me resulta atractiva: llevar el fármaco al sitio justo, en dosis menores, sin depender de que el paciente se acuerde de las gotas tres veces al día.

Por qué el gotero se queda corto

El glaucoma sigue siendo una de las principales causas de ceguera irreversible, y el problema de fondo es biomecánico: la presión intraocular sube, el nervio óptico lo paga. El tratamiento clásico con colirios hipotensores funciona, pero tropieza con dos obstáculos que conozco bien en consulta. Primero, la adherencia: un paciente crónico que se aplica gotas a las 8, a las 14 y a las 22 termina fallando, y el ojo no avisa antes de estropearse. Segundo, la barrera corneal deja pasar apenas una proporción mínima del fármaco; el resto se pierde por el conducto nasolagrimal. Resultado: dosis altas para conseguir poco efecto.

Qué aporta el inserto

El dispositivo desarrollado por los grupos de Mariana Cid (IIByT) y Santiago Palma (UNITEFA), en el marco de Ingeniería Biomédica de la UNC, mide pocos milímetros y se imprime en 3D con colágeno como soporte. Dentro van nanocristales de acetazolamida, un principio activo que hoy no tiene formulación oftálmica comercial. Es decir, se las arreglan para usar un fármaco oral por una vía que no existía, liberándolo de forma localizada, constante y controlada. Los estudios in vitro y en conejos —ojo, modelo útil pero no humano— muestran que el efecto se mantiene varias horas y que, con dosis menores, se obtienen resultados comparables a otras vías de administración. Como recuerda la propia Cid, sin química, farmacia, bioquímica, medicina e ingeniería trabajando juntas esto no sale.

Lo que hay que leer entre líneas

Conviene aterrizar el entusiasmo. Estamos ante resultados preclínicos prometedores, no ante un tratamiento disponible en farmacia ni en quirófano. El equipo reconoce openly que todavía trabaja en prolongar la liberación, mejorar la adherencia del inserto al tejido y estandarizar la fabricación. Además, el camino regulatorio hasta llegar a un paciente argentino, español o de cualquier otra latitud es largo: biocompatibilidad a largo plazo, toxicología repetida, escalado industrial, ensayos clínicos en humanos. Que el proyecto haya quedado segundo en UNC Innova habla de su solidez académica, no de su cercanía al mercado.

Mientras tanto, en mi consulta el mensaje sigue siendo el mismo de siempre: no abandones tus gotas, mide tu presión intraocular con la frecuencia que toca y no esperes a perder visión para tomarte el glaucoma en serio. La ciencia avanzará, pero el nervio óptico que tienes hoy no tiene repuesto.