Por qué aumenta la presión ocular durante la noche: el papel de la proteína RHOB
Según un trabajo difundido por EurekAlert!
Telmo Quirós, Oftalmólogo clínico y cirujano refractivo·actualizado 30 de agosto de 2026

y realizado por investigadores de la Universidad de Kyushu, la presión intraocular puede aumentar por la noche debido a un mecanismo molecular concreto: la noradrenalina eleva los niveles de RHOB en el sistema de drenaje del ojo y reduce su capacidad para retirar residuos y líquido. Para quien tiene glaucoma o riesgo de padecerlo, la noticia importa por una razón sencilla: una medición diurna puede no reflejar toda la película.
No estamos ante un nuevo colirio listo para recetar. Estamos ante una posible diana terapéutica que todavía debe demostrar su utilidad clínica. Conviene frenar el entusiasmo publicitario antes de que alguien convierta una observación en ratones en una cura para pacientes.
El desagüe del ojo también trabaja peor de noche
La presión intraocular depende del equilibrio entre la producción de líquido dentro del ojo y su drenaje. Una parte importante de ese drenaje pasa por la malla trabecular, un tejido que actúa como filtro y ayuda a mantener despejada la vía de salida. Si ese sistema pierde eficacia, la presión aumenta.
El estudio analizó células humanas y de ratón de esa malla trabecular. Al exponerlas a noradrenalina —una sustancia liberada por el sistema nervioso simpático—, los investigadores observaron un aumento de la actividad de varios genes. El equipo centró la atención en RHOB, una molécula relacionada con la forma y el movimiento celular y con el transporte dentro de la célula.
El resultado fue bastante más interesante que el titular fácil. Cuando se eliminó RHOB de células humanas, estas mejoraron su capacidad para captar y retirar partículas. Cuando se incrementó RHOB, disminuyeron tanto esa función de limpieza como el movimiento del líquido ocular. Dicho sin bata: el filtro se vuelve menos eficaz y el líquido encuentra más resistencia para salir.
En modelos de ratón, unas gotas que bloqueaban la vía molecular RHO-ROCK redujeron el aumento nocturno de la presión intraocular. Eso señala una posible vía para controlar la presión, pero no equivale todavía a un tratamiento validado en personas.
El problema para el paciente no es solo la cifra
En consulta, la presión intraocular suele ocupar demasiado espacio en la conversación. Es comprensible: se puede medir y se puede comparar. Pero el glaucoma no se diagnostica mirando una única cifra aislada. La presión es un factor de riesgo y puede fluctuar a lo largo del día.
El trabajo de Kyushu vuelve a poner sobre la mesa una dificultad conocida: la presión puede subir durante la noche, mientras que muchas revisiones se realizan durante el día. Eso significa que una medición normal no siempre descarta variaciones relevantes. No significa que cualquier paciente necesite una prueba nocturna ni que haya que perseguir la cifra como si fuera un enemigo con horario fijo. Significa que la evaluación debe adaptarse al riesgo y al conjunto de hallazgos.
Si ya existe diagnóstico de glaucoma, sospecha de daño del nervio óptico o controles con resultados discordantes, hay que revisar con el oftalmólogo si las mediciones realizadas describen bien el comportamiento de la presión. No cambie sus gotas por su cuenta. No las suspenda porque una investigación experimental hable de RHOB. Y no compre productos que prometan “regular la presión nocturna” apoyándose en este estudio: esa conclusión no está respaldada por los datos disponibles.
Una diana prometedora, no una solución inmediata
La investigación apunta a dos posibilidades: mejorar la detección de alteraciones relacionadas con el aumento nocturno de la presión y desarrollar tratamientos dirigidos contra RHOB o contra la vía RHO-ROCK. Ambas son líneas de investigación. Ninguna sustituye ahora a las terapias prescritas ni a las revisiones del nervio óptico y del campo visual.
Otro trabajo difundido por UVA Health ha utilizado nanotransportadores para estudiar el canal de Schlemm, una estructura implicada en el drenaje del líquido ocular. En ratones, los investigadores modificaron la expresión del gen Prox1 en las células que revisten ese canal y consiguieron un modelo con presión intraocular elevada y persistente. Es una herramienta para investigar qué falla en el drenaje, no una intervención disponible para pacientes.
Mi veredicto es claro: el estudio de Kyushu aporta una explicación molecular plausible para el ascenso nocturno de la presión y abre una diana interesante. Pero el paciente no necesita perseguir moléculas; necesita una valoración completa, adherencia al tratamiento y controles bien planteados. La ciencia ha encontrado una pieza del mecanismo. El diagnóstico y el tratamiento clínico todavía exigen bastante más.