Fatiga visual y ojo seco: claves para cuidar tu salud ocular tras las vacaciones
Lo veo cada año, y la doctora Teresa Sánchez Minguet, responsable de la Unidad de Oftalmología de Vithas Valencia, lo cuenta igual: en septiembre y octubre se acumulan las visitas por picor…
Telmo Quirós, Oftalmólogo clínico y cirujano refractivo·actualizado 13 de septiembre de 2026

Septiembre llega y, con él, una avalancha predecible en la consulta: ojos secos, pesados, cefaleas al final de la jornada y esa sensación de arenilla que nadie sabe explicar. Según los datos difundidos por La 8 Mediterráneo a partir del estudio PrevEOS de la Sociedad Española de Oftalmología, entre el 16,6 % y el 22,5 % de los adultos españoles convive con ojo seco, una cifra que se dispara hasta el 33 % si añadimos síntomas asociados como la fatiga visual o la visión fluctuante. La vuelta al ordenador tras el verano no inventa el problema; lo desenmascara.
La consulta se llena en septiembre
Lo veo cada año, y la doctora Teresa Sánchez Minguet, responsable de la Unidad de Oftalmología de Vithas Valencia, lo cuenta igual: en septiembre y octubre se acumulan las visitas por picor, arenilla, visión borrosa intermitente y cansancio visual. El patrón es claro. Tras un verano de miradas largas, al aire libre, con luz natural y distancias variadas, los ojos regresan a un trabajo de cerca, prolongado y monótono. El sistema visual no está diseñado para fijar la vista a medio metro diez horas seguidas; nadie le ha pedido permiso para hacerlo.
El problema de fondo tiene nombre fisiológico: parpadeamos menos. La Academia Americana de Oftalmología lo cifra sin rodeos: pasamos de unas 15 parpadeos por minuto a entre 5 y 7 delante de una pantalla. Menos parpadeo significa lágrima que se evapora, película lagrimal inestable y, con el tiempo, ojo seco de verdad, no solo una molestia pasajera.
Ojo seco: ya no es cosa de abuelos
Aquí viene el dato que más me preocupa entre consulta y quirófano. El ojo seco ha dejado de ser patrimonio de mayores. Cada semana atiendo pacientes de entre 30 y 50 años con la córnea, ese parabrisas del ojo, resentida por jornadas digitales intensivas. Y sí, las mujeres entre los 40 y los 50 lo sufren más, cebado por los cambios hormonales de la perimenopausia y la menopausia. La sequedad ocular no es un capricho: lastra el rendimiento laboral, deteriora la calidad de vida y, si se cronifica, deja huella en la superficie ocular que ya no se resuelve con un colirio cualquiera de farmacia.
No normalices la molestia. Si al final del día sientes pesadez, irritación, visión borrosa que aparece y desaparece, o dolor de cabeza que no se explica por otros motivos, pide cita. Una revisión oftalmológica descarta una graduación desfasada, un defecto refractivo mal corregido o un ojo seco que requiere tratamiento específico.
El triage que puedes aplicarte en casa
No esperes a la consulta para empezar a cuidarte. Tres palancas simples, sin inversiones ni gadgets:
- Regla 20-20-20: cada 20 minutos, aparta la vista de la pantalla y mira durante 20 segundos algo situado a unos 6 metros. Relaja los músculos del enfoque y rompe el bucle.
- Parpadeo consciente: cuando notes la vista fija, fuerza parpadeos completos. Distribuir bien la lágrima sobre la córnea previene la evaporación.
- Entorno: iluminación adecuada, sin reflejos directos sobre la pantalla, y postura que no acerque la cara al monitor. Si tu graduación está desfasada, cualquier pantalla será un castigo.
Y una verdad que repito en cada consulta: la pantalla no es el enemigo, es el contexto. Si tus ojos ya parten con un problema no diagnosticado, el trabajo digital lo desenmascara. Primero revisión, después corrección del defecto si lo hay, y solo entonces hablamos de ergonomía visual. En ese orden, no al revés.