Cataratas: cómo identificar los síntomas tempranos y cuándo acudir al especialista
Las cataratas afectan a más de 94 millones de personas en el mundo y son una de las principales causas de ceguera evitable, según datos de la Organización Mundial de la Salud.
Telmo Quirós, Oftalmólogo clínico y cirujano refractivo·actualizado 12 de septiembre de 2026

En consulta lo veo todas las semanas: pacientes que llegan cuando ya apenas distinguen las letras grandes del cartel de enfrente, porque su vista se fue apagando tan despacio que ni ellos mismos se dieron cuenta. El cristalino, esa lente natural del ojo, pierde transparencia de forma progresiva y el cerebro se adapta a ver peor sin dar la alarma.
Las señales que tu ojo te manda antes de perder visión
La catarata avisa, pero lo hace en voz baja. Estos son los síntomas que más me repiten en la consulta:
- Conducir de noche se vuelve un suplicio: los faros generan más encandilamiento del normal, aparecen halos alrededor de las farolas y las luces se multiplican.
- Los colores pierden intensidad. El rojo deja de ser rojo, el azul se vuelve grisáceo, todo parece visto a través de un cristal sucio.
- La visión se nubla de forma gradual, sin dolor ni ojo rojo, y las gafas dejan de hacer su trabajo.
Desde el Consejo Argentino de Oftalmología recomiendan controles periódicos incluso sin molestias evidentes. Y tienen razón: cuando un paciente normaliza estos cambios y asume que "será de la edad", llega a mi consulta con una catarata avanzada que podría haberse operado antes con mejor resultado refractivo.
Cuándo operar y qué acelera el problema
La cirugía de cataratas consiste en extraer el cristalino opacificado y sustituirlo por una lente intraocular artificial. El procedimiento se hace de forma ambulatoria, dura entre 15 y 20 minutos, y la recuperación suele ser rápida. Antiguamente se esperaba a que la catarata estuviera "madura"; eso se acabó. Hoy la indicación quirúrgica depende de cuánto afecta la pérdida visual a la vida del paciente: conducir, leer, trabajar, ver la cara de los nietos. Si la calidad de vida se resiente, se opera.
Existen lentes monofocales, multifocales y tóricas. Lo veo cada vez más en consulta: pacientes que llegan pidiendo una lente concreta porque la vieron anunciada. La elección la hacemos en consulta, valorando las características de cada ojo y las expectativas visuales reales. La publicidad, en este terreno, sobra.
Sobre los factores que aceleran la opacificación, la edad es el número uno y no se discute. Pero la OMS y la evidencia acumulada apuntan a otros aceleradores sobre los que sí tenemos margen: exposición prolongada a radiación UV-B (de ahí la importancia de las gafas de sol homologadas), tabaquismo, uso crónico de corticosteroides en pacientes asmáticos o con enfermedades autoinmunes, y diabetes mal controlada, que además asocia otras complicaciones retinianas.
La otra cara: el acceso desigual
Según datos difundidos por la OMS en 2026, una de cada dos personas que necesitan una cirugía de cataratas en el mundo no tiene acceso a ella. La brecha se explica por falta de profesionales, costes, listas de espera y dificultades geográficas para llegar a un servicio oftalmológico. En España tenemos la suerte de contar con un sistema público que cubre la intervención, pero las listas de espera siguen siendo un problema real que muchos de mis pacientes conocen bien.
Mi veredicto, y perdonad la crudeza: si llevas meses esquivando conducir de noche, si los colores te parecen apagados, si te subes las gafas y ya no te sirven, no esperes a ver cómo "evoluciona". La catarata no se frena con gotas, vitaminas ni remedios de herbolario, pero tiene una solución quirúrgica eficaz y con tasas de éxito altísimas cuando se aborda a tiempo. Pide cita con tu oftalmólogo. Punto.