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Ciencia y claridad para tus ojos

Una columna de Telmo Quirós

Lentes multifocales: el peaje oculto en la visión nocturna

Una lente intraocular multifocal permite enfocar a varias distancias, pero no lo hace gratis. Para conseguir visión lejana, intermedia y cercana con una sola óptica, distribuye la luz entre distintos focos.

Telmo Quirós, Oftalmólogo clínico y cirujano refractivo·Actualizado: 29 de agosto de 2026·17 min de lectura

Lentes multifocales: el peaje oculto en la visión nocturna

El resultado puede ser una menor dependencia de las gafas, aunque también una mayor probabilidad de halos, destellos y pérdida de contraste, sobre todo cuando cae la luz.

No es necesariamente un defecto de fabricación, ni implica por sí solo que la cirugía haya salido mal. En buena parte de los casos es la consecuencia óptica del propio diseño de la lente. Conviene entenderlo antes de firmar un consentimiento informado, porque la pregunta no es únicamente si podrás leer sin gafas. También hay que saber cómo verás una farola, una señal de tráfico o los faros de otro coche en una carretera oscura.

La física de la luz: por qué las lentes multifocales no son perfectas

La lente monofocal es la opción más sencilla desde el punto de vista óptico: concentra la luz en un único foco, habitualmente el de lejos. Si el cálculo y la cirugía son precisos, ofrece una imagen limpia y un buen contraste en esa distancia. A cambio, para leer, mirar el móvil o trabajar a una distancia intermedia, lo normal es necesitar gafas.

Una lente multifocal intenta repartir la visión entre varios planos. En una trifocal difractiva, por ejemplo, la superficie incorpora una estructura de anillos microscópicos que modifica la trayectoria de la luz. No funciona como una lupa que amplía todo a la vez. Divide la energía luminosa entre varios focos: uno para lejos, otro para distancias intermedias y otro para cerca.

La distribución exacta depende del modelo, del diámetro pupilar, de la iluminación y de las características del ojo. Como representación aproximada, una parte relevante de la luz se dirige al foco de lejos, otra a la distancia intermedia y otra a la visión cercana. También queda luz que no contribuye directamente a una imagen enfocada. Esa luz desenfocada llega a la retina como una señal superpuesta, una especie de ruido óptico.

Por eso las lentes multifocales no pueden ofrecer simultáneamente la misma calidad de contraste de una monofocal y la misma independencia de gafas en todas las distancias. Hay modelos y diseños ópticos que gestionan mejor este compromiso, pero el compromiso no desaparece.

La comparación no debe hacerse entre una lente multifocal perfecta y una monofocal con todas sus limitaciones. La comparación real es otra:

AspectoLente monofocalLente multifocal
Visión de lejosHabitualmente muy buena si el ojo está sano y el cálculo es precisoPuede ser buena, aunque comparte la energía luminosa con otros focos
Visión intermediaA menudo requiere gafas, según la graduación elegidaSuele ofrecer más autonomía para ordenador, cocina o salpicadero
Visión cercanaGeneralmente necesita gafas de lecturaPuede permitir leer sin gafas, con variabilidad individual
ContrasteSuele conservarse mejor, especialmente con poca luzPuede reducirse por la superposición de imágenes enfocadas y desenfocadas
Halos y destellosMenos frecuentes, aunque no imposiblesMás probables, especialmente en la adaptación inicial
Dependencia de gafasMayor en alguna de las distanciasMenor en muchas actividades, pero no necesariamente inexistente

Esta es la contabilidad que se suele omitir cuando se presenta la multifocal como una solución total. No se compra únicamente libertad frente a las gafas: también se acepta una forma distinta de procesar la luz. En algunos pacientes el intercambio resulta muy favorable. En otros, la mejora funcional no compensa las molestias nocturnas.

La multifocal puede darte más distancias útiles, pero no puede borrar las leyes de la óptica. La libertad de las gafas tiene un precio: en algunos ojos se paga con halos, destellos y menos contraste cuando cae la luz.

La trifocal difractiva es una de las opciones disponibles dentro de la cirugía del cristalino, tanto en pacientes con catarata como en intervenciones con finalidad refractiva. No es la única tecnología ni puede considerarse automáticamente la mejor elección para todos. La decisión depende del estado de la retina, la córnea, el nervio óptico, la película lagrimal, la graduación y, sobre todo, de lo que el paciente necesita hacer con su visión.

Disfotopsias: el origen de los halos y destellos en la oscuridad

En el lenguaje clínico, las percepciones luminosas no deseadas tras una cirugía de cristalino se agrupan bajo el término disfotopsias. Son fenómenos visuales que pueden aparecer con diferentes tipos de lentes intraoculares, aunque determinadas ópticas multifocales los hacen más probables o más perceptibles.

Hay dos grandes familias.

Las disfotopsias positivas son fenómenos luminosos que se añaden a la escena:

  • halos alrededor de farolas, focos y señales iluminadas;
  • destellos o ráfagas cuando una fuente de luz entra en el campo visual;
  • arcos luminosos en los laterales;
  • estrellas o líneas que salen de los puntos brillantes;
  • anillos concéntricos alrededor de luces intensas.

Las disfotopsias negativas se perciben como una zona oscura, una sombra o una media luna, con frecuencia hacia la periferia temporal del campo visual. Su relación con el diseño del borde de la lente, la posición de la óptica y la interacción entre la lente y las estructuras del ojo es diferente. No deben confundirse con un defecto refractivo corriente ni con una simple dificultad para enfocar.

Los halos de luz de las lentes intraoculares no tienen siempre la misma importancia. Hay pacientes que los detectan si los buscan, pero dejan de prestarles atención durante sus actividades habituales. Otros los ven de forma intensa y repetida, hasta el punto de evitar conducir de noche o sentirse inseguros ante los faros que vienen de frente. La misma descripción —ver anillos alrededor de las luces— puede representar una molestia menor o un problema funcional serio.

También importa cuándo aparecen. Durante los primeros días o semanas, la visión está condicionada por la inflamación, la sequedad ocular, el edema corneal, la graduación residual y la propia adaptación a una imagen nueva. Un halo precoz no permite predecir con exactitud cómo será la visión definitiva. Pero tampoco conviene despacharlo siempre como algo irrelevante: si es intenso, persiste o se acompaña de dolor, pérdida de visión, ojo rojo o una disminución marcada del contraste, hay que revisarlo.

Una lente bien colocada puede producir disfotopsias. Del mismo modo, un halo no demuestra por sí solo que el cálculo biométrico sea incorrecto. Antes de atribuirlo todo al diseño multifocal, el oftalmólogo debe descartar problemas tratables: defecto residual, astigmatismo, opacidad de la cápsula posterior, alteraciones de la córnea, sequedad ocular, inflamación o una enfermedad macular que estuviera presente antes de la cirugía.

El papel de la pupila y la iluminación mesópica en la calidad visual

La experiencia nocturna no depende solamente de la lente. La pupila cambia de tamaño según la cantidad de luz disponible. Con iluminación intensa se contrae; en condiciones de penumbra o de noche se dilata para dejar entrar más luz. Ese cambio modifica la cantidad de superficie óptica de la lente que participa en la formación de la imagen.

En condiciones mesópicas —por ejemplo, al anochecer, en una calle con iluminación irregular o en una carretera con pocas farolas— el ojo trabaja en una zona intermedia entre la visión diurna y la oscuridad completa. Es una situación especialmente exigente porque hay menos luz, las pupilas suelen ser mayores y las fuentes luminosas destacan sobre fondos oscuros.

Cuando la pupila aumenta, pueden entrar en juego más zonas del patrón difractivo. Los focos secundarios y la luz desenfocada se vuelven más evidentes, y el halo alrededor de una fuente puntual puede parecer mayor. La córnea, la película lagrimal y cualquier aberración óptica también pesan más. Una superficie corneal irregular o un ojo seco pueden convertir una molestia moderada en una imagen llena de reflejos.

Por eso no basta con preguntar si la lente permite leer una letra pequeña en la consulta. La evaluación debería incluir, cuando el caso lo exige, la calidad visual en diferentes condiciones de iluminación y la sensibilidad al contraste. La agudeza visual mide la capacidad para distinguir detalles de alto contraste; no siempre refleja lo que ocurre al identificar un peatón vestido de oscuro, una señal poco iluminada o un obstáculo en una carretera mojada.

La sensibilidad al contraste con lentes intraoculares es uno de los puntos que más fácilmente se pierde en una conversación comercial. Un paciente puede alcanzar una agudeza visual excelente en una cartilla y, sin embargo, notar que las imágenes nocturnas tienen menos profundidad, que los grises se mezclan o que necesita más luz para leer. La multifocalidad puede contribuir a esa sensación porque la retina recibe simultáneamente información enfocada y desenfocada.

La iluminación de la consulta tampoco reproduce todas las situaciones de la vida real. Leer durante unos minutos con buena luz es una prueba concreta, pero no equivale a conducir de noche bajo la lluvia. Mirar un texto negro sobre fondo blanco no equivale a localizar una bicicleta sin iluminación en una calle oscura. La selección de la lente tiene que partir de las tareas visuales reales, no de una única cifra de agudeza visual.

Lo que conviene contar antes de la cirugía

El paciente debería explicar con precisión:

  • cuántas horas conduce y si suele hacerlo de noche;
  • si trabaja con detalles finos, reflejos, instrumentos o pantallas;
  • si necesita reconocer formas y contrastes débiles;
  • qué importancia tiene leer sin gafas frente a ver con la máxima limpieza posible;
  • si ya percibe halos, deslumbramiento o mala visión nocturna antes de operarse;
  • si tiene antecedentes de ojo seco, glaucoma, enfermedad retiniana o cirugía corneal;
  • qué margen de tolerancia tiene para un periodo de adaptación.

No hay una respuesta universal. La persona que conduce ocasionalmente al anochecer puede aceptar unos halos que para un conductor profesional serían inasumibles. Y quien lee mucho en papel puede preferir una solución distinta de quien trabaja todo el día delante de una pantalla.

Neuroadaptación: el proceso cerebral para filtrar las sombras

La óptica explica cómo se forman los fenómenos luminosos, pero no explica por completo cuánto molestarán. Ahí entra la neuroadaptación.

Con una lente multifocal, la retina recibe información procedente de varios focos. Cuando el paciente mira un objeto lejano, la imagen correspondiente puede ser la más nítida, mientras que las imágenes destinadas a otras distancias llegan desenfocadas. El sistema visual aprende progresivamente a dar más peso a la señal útil y a reducir la importancia de la información borrosa.

No es una transformación instantánea ni idéntica en todos los pacientes. Durante las primeras semanas, la percepción puede fluctuar. Un día el paciente nota más los halos; otro día lee mejor o se siente más cómodo con las luces. La sequedad ocular, el cansancio, la inflamación y la calidad de la iluminación también modifican la experiencia.

La adaptación suele producirse gradualmente. En muchas personas los fenómenos se vuelven menos invasivos con el paso del tiempo, aunque eso no significa necesariamente que desaparezcan por completo. El cerebro puede aprender a ignorar un halo sin que la imagen óptica deje de existir. La diferencia es importante: una cosa es que el fenómeno siga siendo detectable y otra que interfiera en la vida diaria.

Tampoco conviene convertir la neuroadaptación en una promesa. La edad, la calidad de la retina, el estado del nervio óptico, la función binocular, la personalidad visual y las exigencias del trabajo influyen en el proceso. Una persona muy sensible a cualquier cambio en la imagen puede tardar más en sentirse cómoda. Otra puede adaptarse rápido, pero seguir necesitando gafas para tareas concretas.

Adaptarse no significa que la lente deje de dividir la luz. Significa que el sistema visual aprende a conceder menos importancia a la parte de la imagen que no necesita en ese momento.

Cuando la molestia persiste, hay que estudiar qué está ocurriendo antes de hablar de fracaso de la cirugía. A veces el problema principal no es la multifocalidad, sino una graduación residual que puede corregirse con gafas, lentes de contacto o un procedimiento adicional cuidadosamente indicado. En otros casos hay una alteración de la superficie ocular: la lágrima irregular dispersa la luz y empeora tanto los halos como el deslumbramiento.

La opacificación de la cápsula posterior, una inflamación persistente o una enfermedad macular también pueden reducir la calidad visual. La revisión debe separar esos factores de las disfotopsias propias del diseño. No tiene sentido esperar una adaptación neurológica ilimitada si existe un problema anatómico o refractivo que no se ha tratado.

Criterios de selección: cuándo evitar las lentes multifocales

La pregunta correcta no es si una lente multifocal es buena o mala. Es si encaja con ese ojo y con esa vida. Hay perfiles en los que la prudencia debe ser mayor, no porque la lente esté prohibida, sino porque el coste visual puede tener más consecuencias.

Conducción nocturna y trabajos de seguridad

Los conductores nocturnos habituales —taxistas, transportistas, repartidores, personal de emergencias o personas que recorren largas distancias de madrugada— deben valorar con especial cuidado los halos y el deslumbramiento. Conducir de noche tras una cirugía de catarata no debería plantearse únicamente en términos de agudeza visual. También cuentan la recuperación del contraste, la capacidad para tolerar faros y la confianza al interpretar una escena con poca luz.

En pilotos profesionales y controladores aéreos, la exigencia visual y los requisitos laborales hacen necesaria una valoración individual particularmente rigurosa. Las disfotopsias residuales pueden ser relevantes en determinadas funciones, pero no es correcto convertir esa posibilidad en una incompatibilidad absoluta para todos los profesionales. La decisión debe considerar la normativa aplicable, los protocolos de medicina aeronáutica, el tipo de tarea, el resultado visual y la evaluación del especialista correspondiente.

La misma cautela se aplica a trabajos en los que un deslumbramiento breve puede tener consecuencias: cirugía, conducción de maquinaria, vigilancia, electricidad, reparación de precisión o tareas con movimiento y riesgo.

Sensibilidad al contraste y precisión visual

Algunas profesiones no exigen solamente distinguir letras pequeñas. Exigen percibir diferencias sutiles entre tonos, detectar bordes débiles o interpretar reflejos. Diseñadores, fotógrafos, relojeros, joyeros, cirujanos y técnicos que trabajan con piezas pequeñas pueden notar más una reducción de contraste que una persona cuya prioridad principal sea leer mensajes sin gafas.

Eso no significa que una lente multifocal sea automáticamente inadecuada. Significa que el criterio de éxito no puede reducirse a leer una línea de optotipos. Si la sensibilidad al contraste es prioritaria, una lente monofocal puede ofrecer una experiencia más limpia, aunque obligue a usar gafas en cerca. En algunos pacientes, una lente de foco extendido puede representar un punto intermedio, con más rango funcional que una monofocal tradicional y, en determinados diseños, menos fenómenos luminosos que una multifocal; aun así, tampoco garantiza una visión perfecta a todas las distancias.

Retina, glaucoma y nervio óptico

La multifocalidad exige un sistema visual capaz de aprovechar y seleccionar la información que recibe. Si existe una maculopatía, un glaucoma avanzado, una neuropatía óptica o una enfermedad que reduzca la calidad de la señal retiniana, la ganancia de independencia de gafas puede ser menor y la pérdida de contraste más problemática.

No todas las alteraciones tienen el mismo peso. Una enfermedad estable y leve no equivale a una lesión avanzada, y la decisión no puede tomarse a partir de una etiqueta diagnóstica sin revisar el estado funcional del ojo. La exploración de la retina, el nervio óptico y la superficie ocular es parte central de la selección, no un trámite previo a escoger una lente.

Pupila, córnea y superficie ocular

Las pupilas grandes en condiciones de baja iluminación pueden hacer más perceptibles los halos, pero el tamaño pupilar aislado no decide el resultado. Hay que relacionarlo con el diseño de la lente, la córnea y la calidad de la imagen que ya tenía el paciente antes de la operación.

Un astigmatismo corneal importante, una córnea irregular o un ojo seco sin controlar también pueden empeorar la visión multifocal. La lágrima es la primera superficie óptica del ojo; si se rompe demasiado rápido, la imagen cambia de un parpadeo a otro. En esas condiciones es difícil juzgar con justicia una lente intraocular. Primero hay que estabilizar la superficie ocular y medir la graduación de forma fiable.

Expectativas demasiado rígidas

La expectativa es un factor clínico, aunque no aparezca en una biometría. Quien considera inaceptable utilizar gafas para una tarea puntual, o quien espera una calidad idéntica a la de un ojo joven en cualquier condición, parte de una posición de riesgo. Ninguna lente reproduce exactamente el comportamiento del cristalino natural de los veinte años.

La multifocal puede reducir mucho la dependencia de gafas, pero no garantiza que todas las actividades sean cómodas sin ellas. Puede hacer falta luz adicional para leer, gafas de apoyo para una tarea muy exigente o tiempo para que el cerebro se acostumbre. Explicar estas posibilidades antes de la cirugía no reduce el valor de la intervención; evita que el paciente confunda una expectativa comercial con un resultado médico garantizado.

Qué alternativas existen cuando la prioridad es ver limpio

La lente monofocal sigue siendo una opción sólida cuando la prioridad es maximizar la calidad de imagen en una distancia concreta. Si se calcula para lejos, normalmente será necesario utilizar gafas para leer y para algunas tareas intermedias. Para muchos pacientes, ese intercambio es perfectamente razonable: prefieren una imagen con buen contraste y aceptar las gafas cuando las necesitan.

Las lentes de foco extendido, conocidas como EDOF, amplían el rango de visión útil sin repartirlo exactamente de la misma manera que una trifocal. Pueden ofrecer una buena visión de lejos y una distancia intermedia funcional, aunque la visión cercana para letra pequeña no siempre sea suficiente sin gafas. Su comportamiento nocturno depende del modelo y del ojo, por lo que no deben presentarse como una solución libre de halos.

También existen estrategias de corrección complementaria, como dejar una pequeña diferencia de enfoque entre ambos ojos en casos seleccionados. Esa posibilidad puede reducir la necesidad de gafas, pero exige una buena tolerancia binocular y una planificación precisa. No todos los pacientes se sienten cómodos con ella.

La elección no debería hacerse comparando folletos, sino poniendo sobre la mesa los inconvenientes que cada alternativa introduce:

  • Monofocal: más previsibilidad y buen contraste en la distancia elegida, a cambio de mayor dependencia de gafas.
  • Multifocal: más posibilidades de ver en varias distancias sin gafas, con mayor riesgo de halos, destellos y menor contraste.
  • EDOF: rango intermedio ampliado en algunos diseños, pero posible necesidad de gafas para la lectura fina.
  • Corrección complementaria o estrategia binocular: puede aumentar la autonomía, aunque requiere una selección cuidadosa y no todos los ojos la toleran igual.

No existe una lente que gane en todas las categorías al mismo tiempo. Si una propuesta promete lejos, ordenador, lectura, noche y ausencia total de gafas sin ningún peaje, la conversación está incompleta.

El peaje nocturno se decide antes de entrar en quirófano

La cirugía del cristalino puede cambiar la vida cotidiana para mejor, pero elegir una lente multifocal no consiste en escoger la opción con más funciones. Consiste en decidir qué tipo de visión se considera más valiosa y qué molestias se está dispuesto a aceptar.

Los halos de luz alrededor de las lentes intraoculares pueden formar parte del comportamiento esperado de una óptica multifocal, sobre todo durante la adaptación y en condiciones mesópicas. Eso no significa que haya que soportarlos sin evaluación. La intensidad, la evolución y el impacto funcional importan. Si impiden conducir, trabajar o desenvolverse con seguridad, el resultado merece una revisión completa.

La cirugía tampoco termina cuando el paciente sale del quirófano. Hay que comprobar la graduación, la superficie ocular, la retina, la cápsula posterior y la posición de la lente. En algunos casos se puede mejorar el resultado con tratamiento de la sequedad, corrección refractiva o procedimientos adicionales. El explante y el recambio por una lente de otro tipo existen, pero son decisiones de mayor complejidad y no deben plantearse como una solución automática para cualquier halo persistente.

La mejor protección está antes de operarse: hablar de la conducción nocturna, de la sensibilidad al contraste, del trabajo y de la tolerancia personal a los fenómenos luminosos. Una lente multifocal no es magia ni una promesa de juventud visual. Es una herramienta sofisticada con ventajas concretas y limitaciones concretas.

La pregunta decisiva no es si podrás vivir sin gafas. Es si la visión que obtendrás se parece a la visión que necesitas. Si la respuesta se construye con información clara, expectativas realistas y una selección individualizada, la multifocal puede ser una excelente elección. Si se elige como si todas las distancias, todas las luces y todos los ojos respondieran igual, el peaje nocturno puede resultar demasiado alto.

Preguntas frecuentes

¿Por qué las lentes multifocales pueden producir halos y destellos por la noche?
Porque distribuyen la luz entre varios focos y parte de ella llega a la retina desenfocada, como una señal superpuesta. Cuando hay poca luz, la pupila se dilata y estos fenómenos pueden hacerse más evidentes.
¿Los halos después de una cirugía con lente multifocal significan que la operación ha salido mal?
No necesariamente. Una lente bien colocada puede producir disfotopsias, pero también deben descartarse problemas tratables como una graduación residual, sequedad ocular, alteraciones corneales, inflamación, opacidad de la cápsula posterior o enfermedad macular.
¿Desaparecen los halos con el tiempo?
En muchas personas los fenómenos se vuelven menos invasivos durante la adaptación, aunque no tienen por qué desaparecer por completo. El cerebro puede aprender a prestarles menos atención sin que el fenómeno óptico deje de existir.
¿Quién debería valorar con especial cuidado una lente multifocal?
Las personas que conducen habitualmente de noche, desempeñan trabajos de seguridad o precisión, necesitan una alta sensibilidad al contraste o presentan alteraciones de la retina, el glaucoma, el nervio óptico, la córnea o la superficie ocular. La decisión depende del estado funcional del ojo y de las necesidades de cada paciente.
¿Qué alternativas existen a una lente multifocal?
La lente monofocal suele ofrecer una imagen más previsible y buen contraste en una distancia concreta, aunque aumenta la dependencia de gafas. Las lentes EDOF pueden ampliar el rango intermedio, y algunas estrategias de corrección binocular pueden aumentar la autonomía en casos seleccionados.