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Ciencia y claridad para tus ojos

Una columna de Telmo Quirós

Lensectomía refractiva: el fin de la presbicia y las cataratas

La pregunta que más veces escucho cuando un paciente se acerca a los 50 años es directa: «¿Puedo operarme ya de la presbicia y olvidarme también de las cataratas?». La respuesta corta es sí, en determinados casos.

Telmo Quirós, Oftalmólogo clínico y cirujano refractivo·Actualizado: 27 de agosto de 2026·13 min de lectura

Lensectomía refractiva: el fin de la presbicia y las cataratas

La respuesta médica, que suele ser menos cómoda, es: depende de tus ojos, de tu graduación y de lo que estés dispuesto a aceptar a cambio de reducir las gafas.

La lensectomía refractiva sustituye el cristalino natural por una lente intraocular artificial. Es una cirugía intraocular, no una simple operación láser sobre la córnea. El cristalino se retira y se implanta una lente pseudofáquica que permanece dentro del ojo. Al desaparecer el cristalino, desaparece también la posibilidad de desarrollar cataratas en el futuro. Pero que una intervención sea definitiva no significa que sea trivial. Se elimina una estructura transparente y sana. Eso obliga a seleccionar muy bien al paciente.

Lo digo así porque las opiniones sobre la lensectomía refractiva para la presbicia suelen dividirse entre dos extremos. Para algunos es la solución definitiva para dejar las gafas. Para otros, una operación innecesaria sobre un ojo que todavía funciona razonablemente bien. Ninguna de las dos frases sirve como diagnóstico.

Qué corrige realmente la lensectomía refractiva

El cristalino es la lente natural del ojo. Está situado detrás del iris y cambia su forma para enfocar objetos cercanos. Ese mecanismo se llama acomodación. Con los años, el cristalino pierde elasticidad. Primero cuesta leer con poca luz. Después hay que alejar el móvil. Finalmente, las letras pequeñas se convierten en una prueba de paciencia.

Eso es la presbicia.

En la lensectomía refractiva, el cirujano extrae el cristalino y lo reemplaza por una lente intraocular. La nueva lente no acomoda como lo hacía un cristalino joven, pero puede distribuir la luz para ofrecer visión a distintas distancias. Según el modelo, puede buscar una buena visión de lejos, de distancia intermedia y de cerca, con menor dependencia de las gafas.

La palabra clave es dependencia, no garantía. Una persona puede desenvolverse sin gafas para muchas actividades y seguir necesitando apoyo puntual para leer una letra muy pequeña, trabajar muchas horas delante de una pantalla o conducir de noche. La cirugía modifica la óptica del ojo; no convierte la retina, el nervio óptico y la córnea en piezas nuevas.

La intervención también corrige defectos refractivos importantes. Las lentes pseudofáquicas pueden llegar a corregir hasta 35-40 dioptrías de miopía y hasta 20 dioptrías de hipermetropía, cifras que permiten tratar graduaciones que no siempre son abordables con cirugía corneal. Pero una graduación alta no convierte automáticamente al paciente en buen candidato. La anatomía manda. Siempre.

La exploración debe valorar, entre otros elementos:

  • El estado de la córnea, la superficie ocular y la película lagrimal.
  • La retina periférica y la mácula, especialmente en pacientes miopes.
  • El nervio óptico y la presión intraocular.
  • La profundidad de la cámara anterior y las estructuras internas del ojo.
  • La presencia de ojo seco, blefaritis, glaucoma, alteraciones maculares o enfermedades retinianas.
  • Las necesidades reales del paciente: lectura, conducción nocturna, pantallas, deporte o trabajo de precisión.

Una retina enferma no se arregla con una lente intraocular premium. Una córnea irregular tampoco. Y una expectativa imposible no se corrige en quirófano.

La lensectomía puede retirar las gafas de la rutina, pero no elimina la responsabilidad de estudiar el ojo completo antes de operar.

La edad no es un número decorativo

La indicación de la lensectomía refractiva es edad-dependiente. No porque exista una frontera mágica el día que se cumplen determinados años, sino porque el cristalino cambia, la capacidad de acomodación disminuye y la relación entre beneficio y riesgo empieza a ser distinta.

En pacientes hipermétropes, la intervención puede plantearse habitualmente a partir de los 45 años. En miopes, suele considerarse desde los 50-55 años. En personas emétropes —sin una graduación relevante de lejos—, normalmente se valora a partir de los 60 años. Son referencias clínicas, no una oposición con fecha de examen.

¿Por qué un hipermétrope puede valorarse antes? Porque el ojo hipermétrope suele tener menos margen anatómico y el cristalino puede contribuir a estrechar aún más el espacio interno. Además, la dependencia de las gafas para cerca y lejos puede ser importante. En el miope, el problema es diferente: una persona que ha leído durante décadas acercando el texto puede perder esa ventaja tras la cirugía. Si se corrige la visión de lejos en ambos ojos, la lectura sin gafas puede dejar de ser posible salvo que la lente implantada esté diseñada para ofrecerla.

Y aquí aparece una conversación que no se puede despachar con un folleto comercial: ¿qué visión quiere conservar el paciente y qué visión quiere ganar?

¿Tiene sentido operarse de presbicia a los 50 años?

A los 50 años, muchas personas todavía tienen un cristalino transparente y una visión de lejos excelente con una graduación pequeña. En ese contexto, la operación puede ser una alternativa, pero no debería presentarse como el siguiente paso automático. Si el único problema son unas gafas para leer, hay que hablar de la irreversibilidad y de los fenómenos visuales posibles antes de hablar de libertad.

La operación de presbicia antes de las cataratas tiene una lógica: sustituir el cristalino cuando aún es transparente para evitar que el paciente tenga que operarse de cataratas más adelante. La lente artificial seguirá dentro del ojo y la catarata, por definición, ya no podrá desarrollarse. Pero ese beneficio futuro se obtiene realizando hoy una cirugía intraocular.

No es lo mismo operar un cristalino opacificado que retirar uno transparente por motivos refractivos. En la cirugía de cataratas existe una patología evidente que deteriora la visión. En la lensectomía refractiva, el objetivo principal es corregir la graduación y la presbicia. La diferencia importa desde el punto de vista médico y también desde el ético.

Por eso, antes de indicar una lensectomía, yo quiero saber algo más que la edad y las dioptrías:

1. ¿La persona entiende que la intervención es irreversible?

2. ¿Acepta que puede necesitar gafas de apoyo en determinadas situaciones?

3. ¿Conduce de noche con frecuencia?

4. ¿Tolera bien la idea de ver halos o destellos alrededor de las luces?

5. ¿Tiene una retina y una superficie ocular suficientemente sanas?

6. ¿Busca una mejora razonable o exige visión perfecta en todas las distancias y condiciones?

La última pregunta suele ser la decisiva. La cirugía puede ofrecer independencia funcional de las gafas. No firma contratos con la física.

Lentes intraoculares premium: difractivas frente a EDOF

La elección de la lente intraocular no es un detalle técnico que deba resolverse al final con una marca y un precio. Es la parte óptica de la cirugía. El modelo implantado determina cómo se reparte la luz y qué tipo de visión puede obtenerse.

Las dos tecnologías más utilizadas para tratar la presbicia son las lentes difractivas y las lentes de foco extendido, conocidas como EDOF. Ambas buscan ampliar el rango de visión, pero lo hacen de manera distinta y tienen compromisos diferentes.

ParámetroLente difractiva multifocalLente de foco extendido, EDOF
Objetivo principalOfrecer visión de lejos, intermedia y cercaAmpliar la visión de lejos a intermedia y parte de la cercana
Lectura y tareas próximasPuede ofrecer mayor independencia para textos cercanosPuede ser suficiente para muchas tareas, pero no siempre para letra pequeña
Distribución de la luzUtiliza anillos microscópicos para repartir el enfoqueAlarga el foco útil para ampliar el rango visual
Fenómenos nocturnosMayor posibilidad de halos y destellos en algunos pacientesEn general, busca reducir esas molestias, aunque no las elimina por completo
Perfil de pacientePersona que prioriza reducir gafas en varias distancias y acepta una adaptación ópticaPersona que prioriza una transición visual más natural y tolera apoyo para cerca
Exigencia de selecciónAlta: superficie ocular, retina, expectativas y neuroadaptaciónTambién alta; no es una lente sin compromisos

Las lentes difractivas incorporan anillos microscópicos que dividen la luz para generar varios focos. Esa distribución permite trabajar a distintas distancias, pero puede producir halos nocturnos, deslumbramientos o destellos alrededor de las luces. No ocurre igual en todos los pacientes. Tampoco todos lo perciben con la misma intensidad.

Las EDOF amplían el foco útil, sobre todo para lejos e intermedia. Pueden ser atractivas para quien trabaja con ordenador, utiliza pantallas y no quiere aceptar una reducción importante de la calidad visual nocturna. A cambio, la lectura muy cercana puede requerir gafas. No es un fallo de la lente. Es el compromiso óptico elegido.

La lente «premium» no es necesariamente la mejor. Es la que encaja mejor con una córnea concreta, una retina concreta y una vida concreta. El término premium describe con frecuencia una categoría comercial; no una promesa de resultado superior para todos.

La neuroadaptación no es una palabra para tranquilizar al paciente

Después de la cirugía, el cerebro recibe una imagen formada por un sistema óptico distinto. En las lentes multifocales, la luz se reparte entre varios focos. El paciente puede notar menos contraste, halos o cierta dificultad para interpretar la imagen durante las primeras semanas. El sistema visual necesita aprender a utilizar la información disponible.

A eso se le llama neuroadaptación.

La neuroadaptación existe. Pero no debe usarse como una respuesta automática cada vez que un paciente sigue viendo molestias. Algunas personas se adaptan bien. Otras mantienen fenómenos visuales que interfieren con la conducción, la lectura o el trabajo. No hay una cifra universal y fiable que permita predecir con exactitud quién quedará satisfecho a largo plazo.

Por eso no acepto el argumento de que todas las molestias se resolverán con el tiempo. A veces mejoran. A veces persisten. El consentimiento debe incluir ambas posibilidades.

Los riesgos de la lensectomía refractiva no son los de una operación láser

Hay una confusión frecuente: pensar que toda cirugía refractiva es equivalente porque el objetivo final es dejar las gafas. No lo es.

En el LASIK o en otras técnicas corneales, se modifica la córnea, el parabrisas del ojo, para cambiar su poder óptico. En la lensectomía refractiva se entra en el interior del ojo, se extrae el cristalino y se implanta una lente. La escala anatómica y el tipo de riesgo son diferentes.

Entre los efectos secundarios posibles están:

  • Halos nocturnos y destellos alrededor de las fuentes de luz.
  • Sequedad ocular o empeoramiento de una sequedad previa.
  • Variaciones en la sensibilidad al contraste.
  • Necesidad de gafas puntuales para determinadas tareas.
  • Desajuste refractivo residual que obligue a valorar una corrección adicional.
  • Inflamación, infección, aumento de la presión intraocular u otras complicaciones quirúrgicas poco frecuentes, pero relevantes.
  • Problemas retinianos que deben vigilarse con especial atención en pacientes miopes.

No presento esta lista para asustar. La presento porque operar dentro del ojo exige hablar como adultos. La mayoría de los pacientes bien seleccionados evoluciona de forma satisfactoria, pero «satisfactorio» no significa «visión idéntica a la de los 20 años y cero fenómenos ópticos».

La miopía alta merece una conversación aparte. El hecho de que una lente pseudofáquica pueda corregir muchas dioptrías no borra el riesgo asociado a una retina miope. La cirugía puede corregir el enfoque, pero no acorta un globo ocular alargado ni elimina la predisposición a determinadas alteraciones retinianas. La revisión del fondo de ojo no es un trámite previo: es una pieza central de la indicación.

También hay que vigilar la superficie ocular. Un paciente con ojo seco importante puede salir de quirófano con una visión óptica correcta y, sin embargo, sentirse decepcionado por fluctuaciones, escozor o visión variable. Antes de escoger una lente de rango extendido o multifocal, hay que estabilizar la superficie ocular. La lágrima también forma parte del sistema óptico. No es un accesorio.

El postoperatorio: ver rápido no significa haber terminado

La recuperación visual suele comenzar pronto, pero la estabilidad completa puede requerir más tiempo. En los primeros días pueden aparecer visión fluctuante, sensación de cuerpo extraño, sensibilidad a la luz o una percepción extraña de los contrastes. El tratamiento postoperatorio y las revisiones sirven para detectar inflamación, controlar la presión ocular y comprobar que la lente está bien situada.

El paciente debe seguir las pautas indicadas por su cirujano y consultar si aparece dolor intenso, pérdida brusca de visión, aumento marcado de la inflamación, secreción llamativa o una alteración repentina del campo visual. No conviene esperar a que una complicación intraocular «se pase sola». El ojo no premia la actitud heroica.

La recuperación funcional también depende del tipo de vida. Quien trabaja con pantallas puede notar antes las dificultades de enfoque intermedio. Quien conduce de noche puede fijarse especialmente en los halos. Quien lee muchas horas puede valorar de forma distinta una lente EDOF y una multifocal. La misma lente no produce la misma satisfacción en dos personas con rutinas diferentes.

La evaluación, por tanto, no termina al comprobar una letra pequeña en la consulta. Hay que preguntar cómo ve el paciente en su vida real:

  • ¿Puede leer el móvil sin forzar la vista?
  • ¿Distingue bien los detalles en una pantalla?
  • ¿Se siente seguro al conducir con poca luz?
  • ¿Nota halos que interfieren o simplemente los percibe de forma ocasional?
  • ¿Le molesta más usar unas gafas de apoyo o aceptar fenómenos ópticos?

Estas respuestas tienen más valor que una promesa genérica de independencia total.

La buena indicación no busca que el paciente vea una cifra perfecta en la cartilla; busca que vea bien aquello que necesita hacer sin pagar un precio visual que no está dispuesto a asumir.

Lo que debe quedar claro antes de firmar

Cuando un paciente me pide una opinión sobre la lensectomía refractiva para la presbicia, no empiezo por recomendar una lente. Empiezo por desmontar tres ideas.

La primera: quitar las cataratas del futuro no convierte la cirugía de hoy en una cirugía preventiva menor. Sigue siendo una intervención intraocular irreversible.

La segunda: una lente multifocal no garantiza una visión perfecta en todas las distancias y condiciones de iluminación. Puede reducir mucho la dependencia de las gafas. También puede generar halos, destellos o cambios en el contraste.

La tercera: la graduación no es el único criterio. Dos pacientes con las mismas dioptrías pueden tener indicaciones completamente diferentes por su retina, su córnea, su superficie ocular, su profesión o sus expectativas.

Una consulta seria debería explicar, como mínimo:

1. Qué defecto refractivo se pretende corregir y qué visión puede quedar sin gafas.

2. Qué tipo de lente se propone y por qué se elige frente a una EDOF, una multifocal u otra alternativa.

3. Qué fenómenos visuales pueden aparecer, especialmente por la noche.

4. Qué posibilidades existen de necesitar gafas de apoyo.

5. Qué riesgos corresponden a la cirugía intraocular y cuáles son los específicos del paciente.

6. Qué controles serán necesarios durante el postoperatorio.

7. Qué alternativas existen si todavía no es el momento de operar.

Si la conversación gira únicamente alrededor de la marca de la lente, del número de focos o de la promesa de abandonar las gafas, falta la mitad importante de la medicina.

Mi veredicto clínico

La lensectomía refractiva puede ser una excelente solución para determinados pacientes con presbicia, especialmente cuando la edad, la graduación y las características del ojo hacen razonable sustituir el cristalino. Corrige defectos refractivos amplios, evita la aparición futura de cataratas y puede proporcionar una independencia considerable de las gafas.

Pero no es una operación universal para cualquiera que empiece a alejar el menú. Tampoco es una versión intraocular del marketing de la perfección. La cirugía tiene sentido cuando el beneficio esperado supera con claridad el coste biológico y visual de retirar un cristalino transparente.

A los 50 años, operarse puede ser adecuado. También puede ser pronto. La respuesta no sale de la fecha de nacimiento, sino de una evaluación oftalmológica completa y de una conversación honesta sobre lo que el paciente quiere ganar y lo que está dispuesto a tolerar.

Mi recomendación es sencilla: frena las promesas, evalúa el ojo completo y elige la lente según tu vida, no según el catálogo. Si todavía ves bien con unas gafas para cerca, no hay ninguna urgencia refractiva. Si la dependencia de las gafas es importante y la exploración confirma una buena indicación, la lensectomía puede ofrecer una solución duradera.

La palabra decisiva no es «definitiva». Es «adecuada».

Preguntas frecuentes

¿En qué consiste la lensectomía refractiva?
Es una cirugía intraocular en la que se extrae el cristalino natural del ojo y se sustituye por una lente intraocular artificial para corregir defectos refractivos y la presbicia.
¿A qué edad se puede realizar esta operación?
La indicación depende de la graduación y el estado del ojo: habitualmente se plantea a partir de los 45 años en hipermétropes, desde los 50-55 años en miopes y a partir de los 60 años en personas emétropes.
¿Qué diferencia hay entre las lentes difractivas y las EDOF?
Las lentes difractivas usan anillos microscópicos para ofrecer visión a varias distancias, mientras que las EDOF amplían el foco útil para mejorar la visión de lejos e intermedia, aunque a veces requieren gafas para lectura muy cercana.
¿Es posible dejar de usar gafas por completo tras la cirugía?
La cirugía busca reducir la dependencia de las gafas, pero no garantiza su eliminación total, ya que el paciente podría necesitar apoyo puntual para leer letra muy pequeña, trabajar frente a pantallas o conducir de noche.
¿Qué riesgos tiene la lensectomía refractiva?
Al ser una cirugía intraocular, conlleva riesgos como la aparición de halos nocturnos, destellos, sequedad ocular, variaciones en la sensibilidad al contraste, inflamación o complicaciones retinianas, especialmente en pacientes miopes.