Cómo frenar el avance de las enfermedades degenerativas de la retina antes de perder visión
Según informa EFE Servicios, entre el 14 y el 27 de septiembre equipos de oftalmología de toda España van a sacar unidades de diagnóstico a la calle para revisar el fondo de ojo y detectar a tiempo…
Telmo Quirós, Oftalmólogo clínico y cirujano refractivo·actualizado 10 de septiembre de 2026

Según informa EFE Servicios, entre el 14 y el 27 de septiembre equipos de oftalmología de toda España van a sacar unidades de diagnóstico a la calle para revisar el fondo de ojo y detectar a tiempo degeneración macular, retinopatías y desprendimientos de retina. La campaña se apoya en una exploración sistemática de la mácula y el tejido retiniano con un objetivo muy concreto: frenar la pérdida visual evitable antes de que el paciente note el primer síntoma. En consulta lo repito cada semana: con la retina, esperar a que el ojo se queje es llegar tarde, y más con dos enfermedades —la DMAE y el edema macular diabético— que roban visión central sin casi avisar hasta que ya han hecho daño.
La cifra que debería quitarles el sueño
Un informe de análisis socioeconómico difundido por UDG TV proyecta que el impacto de las enfermedades de la retina —degeneración macular asociada a la edad y edema macular diabético al frente— crecerá un 64 % de aquí a 2032. La lectura directa es doble y nada tranquilizadora: por un lado, una población que envejece; por otro, una diabetes que no deja de sumar casos ni de empezar antes. Los autores del análisis piden dos palancas claras: cribados tempranos con apoyo de inteligencia artificial y fármacos de acción prolongada que espacien las inyecciones intravítreas. En plata clínica, tratar antes y pinchar menos, que es justo lo que cualquier paciente con DMAE húmeda lleva años reclamando en la sala de espera.
Lo que sirve de verdad en la trinchera
El arma que más retina salva no es nueva ni aparatosa: es un buen fondo de ojo, con dilatación, sin prisa y por alguien que distinga una drusa benigna de un edema incipiente y un desgarro periférico de una mancha inocente. La inteligencia artificial es una ayuda seria —sobre todo para cribar grandes volúmenes de pacientes diabéticos—, pero no sustituye al clínico que mira el nervio óptico, los vasos y la mácula como quien lee un mapa. La traducción para quien me lee es simple y no negociable: a partir de los 50, revisión anual con dilatación pupilar; si hay diabetes, cada año sin excepciones; si hay antecedentes familiares de DMAE, no esperen a las primeras metamorfopsias, porque cuando aparecen ya hay lesión. La campaña de septiembre abre una puerta, pero no hace el trabajo de los siguientes diez años. Quien se haga un fondo de ojo una vez y dé por hecho que está cubierto para la década siguiente, sigue sin entender cómo degenera la retina: en silencio, sin avisar.
Mi veredicto, como siempre que hablo de mácula: pasar por la unidad móvil está bien, pero apuntarse al calendario de revisiones y no saltarse las citas está bastante mejor. La retina no se perdona.