Glaucoma: por qué esta patología silenciosa es la principal causa de ceguera irreversible
Cada 12 de marzo se conmemora el Día Mundial del Glaucoma, y no es una fecha cualquiera en mi calendario.
Telmo Quirós, Oftalmólogo clínico y cirujano refractivo·actualizado 14 de septiembre de 2026

Según datos de la Asociación Mundial del Glaucoma, más de 80 millones de personas conviven con esta enfermedad en el mundo y las proyecciones apuntan a 111,8 millones de afectados en 2040. En la consulta lo veo cada semana: pacientes que llegan "porque les ha bajado la vista" y, al explorarles el fondo de ojo, descubro que llevan años perdiendo fibras del nervio óptico sin haber notado absolutamente nada. El glaucoma no avisa. Es el ladrón más silencioso que conozco.
La trampa de llamarlo "una enfermedad"
Aquí va la primera confusión que tengo que desmontar en consulta: el glaucoma no es "una enfermedad". Es un grupo de más de 60 patologías distintas que comparten el mismo mecanismo —dañar de forma progresiva el nervio óptico, ese cable que conecta la retina con el cerebro y sin el cual no ves absolutamente nada—. La causa más conocida es la presión intraocular alta, pero no es la única: hay glaucomas con presión "normal" que también destrozan el nervio.
Y aquí viene lo que más me cuesta hacer entender: la presión ocular elevada no duele. No pica. No escuece. No avisa. Cuando el paciente nota que ha perdido visión periférica, el daño ya está hecho y es irreversible. La oftalmóloga María Angélica Moussalli, del Hospital Italiano de Buenos Aires, lo advertía con crudeza: «el 50% de la población no sabe qué es esta enfermedad y no se tomó la presión ocular en los últimos cinco años». Cifra demoledora.
Lo que toca hacer, sin excusas
A partir de los 40 años: revisión anual con tonometría para medir la presión intraocular. Si hay antecedentes familiares, antes. Una prueba rápida, indolora y barata que muchos se saltan por inertia, no por dificultad. Y ante cualquier sospecha, el especialista completa el estudio del nervio óptico con las pruebas que haga falta.
El tratamiento no cura, pero frena. Colirios, láser o cirugía según el caso. Lo que no se recupera es el tiempo perdido, y por eso insisto una y otra vez: no esperes a notar algo raro para pasarte por consulta. En glaucoma, el síntoma ya es una derrota.