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Una columna de Telmo Quirós

Ojo seco tras el LASIK: mi batalla contra la sequedad

La pregunta que más escucho después de una cirugía LASIK no suele ser si el paciente verá bien. Suele ser otra: «Doctor, ¿por qué noto arenilla si me han operado para ver mejor?».

Telmo Quirós, Oftalmólogo clínico y cirujano refractivo·Actualizado: 28 de agosto de 2026·16 min de lectura

Ojo seco tras el LASIK: mi batalla contra la sequedad

La respuesta corta es incómoda, pero clara: el ojo seco postoperatorio tras el LASIK es frecuente. Alrededor del 50 % de los pacientes nota síntomas durante la primera semana y cerca del 40 % todavía los presenta al cumplir un mes. En la mayoría, la situación mejora de forma progresiva entre los tres y los seis meses. En una minoría, la sequedad persiste y obliga a mantener tratamiento.

No significa que la cirugía haya salido mal. Tampoco significa que haya que aguantar sin más. Una córnea seca duele, fluctúa y empeora la calidad visual. Hay que entender qué está ocurriendo y actuar antes de que el paciente convierta cada parpadeo en una negociación.

La interrupción nerviosa: por qué el colgajo altera la lágrima

Para entender la sequedad ocular después del LASIK hay que empezar por la córnea. La córnea es la superficie transparente que cubre la parte anterior del ojo; puede pensarse en ella como el parabrisas del sistema óptico ocular. Pero no es un cristal pasivo. Está densamente inervada y participa de forma activa en la sensibilidad, el parpadeo y la producción de lágrima.

Durante el LASIK se crea un colgajo corneal, el conocido flap. Para hacerlo, el cirujano debe seccionar parte de las terminaciones nerviosas superficiales y profundas de la córnea. No hay magia que permita esquivar por completo ese efecto. Después se remodela el tejido con el láser excímer y se recoloca el colgajo.

El problema no es únicamente la herida superficial. Los nervios corneales funcionan como sensores. Detectan que la superficie se está secando y envían una señal al cerebro para activar dos respuestas muy concretas:

  • aumentar la producción de lágrima;
  • incrementar la frecuencia y la calidad del parpadeo.

Cuando esos nervios quedan temporalmente alterados, el circuito pierde precisión. El ojo puede estar seco, pero la señal de alarma llega tarde o llega debilitada. El paciente parpadea menos, produce menos lágrima basal y la película lagrimal se rompe antes.

Eso explica una paradoja que desconcierta a muchos pacientes: pueden notar sequedad intensa sin tener los ojos especialmente rojos. La superficie está sufriendo, pero el sistema de aviso no está trabajando todavía con normalidad.

También explica otra queja habitual: ver bien por la mañana y peor por la tarde. La película lagrimal no es uniforme durante todo el día. Con el paso de las horas, la evaporación aumenta, el parpadeo suele disminuir y la superficie corneal se vuelve irregular. La visión fluctúa porque la lágrima participa en el enfoque. No es una cuestión de imaginación ni una señal automática de que haya que repetir el láser.

Tras el LASIK, el problema no es solo producir lágrima: es que la córnea tarda un tiempo en volver a pedirla correctamente.

El ojo seco postoperatorio LASIK suele manifestarse con escozor, sensación de arenilla, tirantez, fotofobia, lagrimeo paradójico y visión borrosa intermitente. El lagrimeo paradójico merece una explicación: una superficie irritada puede desencadenar una descarga de lágrima acuosa, pero esa lágrima no siempre tiene la composición ni la estabilidad necesarias para lubricar bien. El ojo llora y, aun así, sigue seco. El organismo tiene sus pequeñas ironías.

La cronología real de la sequedad ocular después del LASIK

La recuperación no sigue una línea recta. Hay días mejores y peores. El paciente que el día diez se encuentra estupendamente puede levantarse con más molestias al día siguiente, especialmente si ha dormido poco, pasa muchas horas delante de una pantalla o se expone a aire acondicionado, calefacción, viento o humo.

La primera semana: el periodo más intenso

Durante los primeros días es normal que la superficie ocular esté más sensible. La intervención ha modificado la córnea y el sistema nervioso local todavía no se ha reorganizado. Aproximadamente la mitad de los pacientes experimenta síntomas de ojo seco durante la primera semana.

En esta fase no valoro solo la intensidad de la molestia. También observo la superficie corneal, la calidad de la película lagrimal, la presencia de tinciones y el estado de los párpados. Un paciente puede describir un ocho sobre diez y mostrar una superficie razonablemente conservada. Otro puede quejarse poco porque la sensibilidad corneal está muy reducida y, sin embargo, presentar signos que requieren vigilancia.

Aquí la conducta debe ser sencilla y disciplinada:

  • utilizar las lágrimas artificiales prescritas, preferiblemente sin conservantes cuando la frecuencia de aplicación es alta;
  • evitar frotarse los ojos, incluso si pican;
  • reducir temporalmente los ambientes con aire directo;
  • descansar de las pantallas y parpadear de forma consciente;
  • acudir a la revisión prevista, aunque la visión parezca buena.

El error típico consiste en usar el colirio lubricante solo cuando la molestia ya es intensa. En la primera etapa funciona mejor una estrategia regular que una intervención de emergencia cada varias horas.

El primer mes: mejora visual con superficie inestable

Al llegar al primer mes, alrededor del 40 % de los pacientes puede seguir presentando síntomas. La cifra no debe utilizarse como una sentencia individual. Describe una frecuencia global, no el destino de una persona concreta.

En consulta, esta etapa suele ser confusa. La agudeza visual puede ser buena en la cartilla, pero el paciente refiere que la imagen cambia, que las letras se emborronan al leer o que las luces nocturnas resultan más incómodas. La cartilla mide una capacidad concreta en un momento concreto. No reproduce seis horas de ordenador, un viaje en coche de noche ni una tarde con los párpados abiertos frente a una corriente de aire.

En esta fase reviso varios elementos:

  • estabilidad de la lágrima entre parpadeos;
  • regularidad del epitelio corneal;
  • inflamación de la superficie;
  • función de las glándulas de Meibomio, que producen la capa grasa de la lágrima;
  • frecuencia de parpadeo;
  • uso de medicamentos que puedan favorecer la sequedad;
  • antecedentes de ojo seco, blefaritis, alergia o enfermedades autoinmunes.

La película lagrimal tiene una capa acuosa, una capa mucosa y una capa lipídica. Si falla la parte grasa, la lágrima se evapora con demasiada rapidez. Si existe inflamación, la superficie se vuelve más sensible. Si la córnea aún no ha recuperado bien su inervación, el sistema de alerta sigue funcionando con retraso. Con frecuencia hay más de un mecanismo implicado.

Entre los tres y los seis meses: el momento de estabilización

La mayoría de los pacientes mejora de forma notable entre los tres y los seis meses. En torno al 80-90 % experimenta una recuperación clara de los síntomas dentro de ese intervalo. La regeneración nerviosa corneal es progresiva y no se puede acelerar con promesas comerciales, suplementos milagrosos ni ejercicios oculares de dudosa utilidad.

Esto no quiere decir que todos los ojos estén completamente estabilizados al cumplir tres meses. Algunos pacientes siguen necesitando lubricación y presentan días variables. La recuperación puede continuar después, especialmente en lo relativo a la sensibilidad y a la calidad de la película lagrimal.

Entre los seis y los doce meses todavía puede producirse una reorganización progresiva de la inervación corneal. Por eso no conviene etiquetar demasiado pronto una sequedad como permanente. Del mismo modo, tampoco es razonable restar importancia a unos síntomas que siguen afectando a la vida diaria.

Cuando la sequedad persiste más allá de seis meses

Un pequeño grupo desarrolla una sequedad más intensa o persistente. Las estimaciones publicadas varían según cómo se defina el ojo seco, qué síntomas se midan y durante cuánto tiempo se siga al paciente. Algunas series describen síntomas persistentes en torno al 5-10 % a largo plazo, mientras que otras cifras son inferiores cuando se exige que el cuadro sea crónico y clínicamente relevante. La estadística necesita contexto. Una cifra aislada puede asustar o tranquilizar de forma injustificada.

A los seis meses no hago el diagnóstico basándome solo en la frase «todavía tengo molestias». Hay que separar varios escenarios.

1. Sequedad evaporativa

Es frecuente cuando las glándulas de Meibomio no funcionan bien. Estas glándulas se encuentran en los párpados y producen la capa lipídica que evita que la lágrima se evapore demasiado deprisa. Si están obstruidas o producen una secreción deficiente, el ojo puede secarse aunque produzca suficiente componente acuoso.

El paciente suele notar más molestias al final del día, con el uso de pantallas o en ambientes secos. El tratamiento puede incluir higiene palpebral, calor local controlado, medidas dirigidas a la disfunción de las glándulas y, si procede, tratamientos en consulta.

2. Inflamación de la superficie ocular

La sequedad no es solo falta de agua. También es inflamación. Una superficie ocular inflamada se vuelve más sensible y tolera peor la evaporación. En estos casos, limitarse a poner lágrimas artificiales puede ser insuficiente. El oftalmólogo puede valorar colirios antiinflamatorios, como la ciclosporina, durante el tiempo necesario.

No recomiendo que el paciente prolongue o reinicie un antiinflamatorio por su cuenta. Estos fármacos tienen indicaciones, contraindicaciones y una forma correcta de seguimiento. El colirio no es una botella de agua bendita.

3. Alteración de la sensibilidad corneal

La córnea puede tardar meses en recuperar su sensibilidad. En algunos pacientes, la relación entre los síntomas y los signos observables no es proporcional. Puede haber dolor o escozor llamativos con una exploración relativamente discreta. En otros ocurre lo contrario: pocos síntomas y una superficie deteriorada.

Cuando existe dolor persistente, no hay que asumir automáticamente que todo es sequedad. Hay que descartar infección, defecto epitelial, inflamación significativa, irregularidad corneal, problemas de párpados y otras causas de dolor neuropático. El diagnóstico requiere una exploración completa, no una conversación rápida por teléfono.

4. Factores que ya estaban presentes antes de operar

El LASIK puede sacar a la luz una superficie ocular que ya funcionaba al límite. Blefaritis, alergia ocular, uso prolongado de lentes de contacto, enfermedades autoinmunes, determinados tratamientos sistémicos y una exposición intensa a pantallas pueden aumentar la vulnerabilidad.

Por eso la evaluación preoperatoria no debería reducirse a medir cuántas dioptrías tiene el paciente. Antes de corregir la córnea, hay que comprobar que la superficie que la recubre está en condiciones razonables. Operar un ojo seco sin tratarlo antes es una mala estrategia, aunque la topografía y la graduación parezcan perfectas.

El paciente no necesita que le prometan una recuperación sin molestias. Necesita que le expliquen qué molestias son esperables y qué signos obligan a revisar el plan.

Tratamiento del ojo seco post-LASIK: empezar por lo que sí funciona

El tratamiento se adapta al mecanismo y a la gravedad. No todos los pacientes necesitan la misma combinación. En medicina ocular, añadir productos sin entender el problema no es un plan; es llenar el cajón del baño.

Lágrimas artificiales sin conservantes

Son la base en muchos casos. Las formulaciones sin conservantes resultan especialmente útiles cuando se aplican varias veces al día, porque la exposición repetida a conservantes puede irritar la superficie ocular.

No todas las lágrimas artificiales son iguales. Algunas son más acuosas y proporcionan alivio breve. Otras contienen componentes que aumentan la viscosidad y duran más, aunque pueden producir visión borrosa transitoria. Para el día puede preferirse una fórmula ligera y para la noche una más densa, según las necesidades del paciente.

La pauta no debe medirse únicamente por el número de veces que aparece escrito en una receta. Si el paciente trabaja ocho horas con pantallas o vive en un ambiente muy seco, el contexto importa. También importa si la aplicación del colirio mejora realmente los síntomas.

Control de la inflamación

Cuando hay inflamación de la superficie ocular, el oftalmólogo puede indicar tratamientos específicos. La ciclosporina es una de las opciones utilizadas en determinados cuadros de sequedad e inflamación. Su efecto no suele ser inmediato. El paciente debe entenderlo para no abandonarla a los pocos días pensando que no sirve.

En casos seleccionados pueden utilizarse otros antiinflamatorios bajo control médico. No aconsejo utilizar colirios con corticoides sin supervisión. Pueden ser útiles en situaciones concretas, pero también elevar la presión intraocular, favorecer complicaciones y enmascarar problemas que necesitan otro abordaje.

Tratamiento de los párpados y de las glándulas de Meibomio

Si el problema principal es evaporativo, tratar solo la lágrima acuosa se queda corto. Hay que trabajar sobre los párpados. La higiene palpebral, el calor aplicado de forma adecuada y las medidas dirigidas a las glándulas de Meibomio pueden mejorar la estabilidad de la película lagrimal.

En pacientes con disfunción significativa pueden valorarse procedimientos en consulta. La luz pulsada intensa, conocida como IPL, se utiliza en algunos centros para determinados perfiles de enfermedad de la superficie ocular y alteración de las glándulas. No es una solución universal ni debe venderse como tal. La indicación depende de la exploración.

Tapones lagrimales

Los tapones de los puntos lagrimales, o plugs, reducen el drenaje de la lágrima y pueden aumentar su permanencia sobre la superficie. Son una herramienta útil en algunos pacientes con déficit acuoso, pero no resuelven todos los tipos de ojo seco.

Si la lágrima está muy inflamada o la superficie presenta una carga alta de detritos, cerrar el drenaje sin controlar antes la inflamación puede ser contraproducente. Primero hay que saber qué lágrima estamos intentando conservar.

Suero autólogo en casos complejos

Cuando la sequedad es intensa, persistente o se acompaña de daño importante de la superficie, puede considerarse el colirio de suero autólogo. Se prepara a partir de la sangre del propio paciente y contiene factores que pueden favorecer la reparación de la superficie ocular.

No es un colirio convencional. Requiere preparación, conservación cuidadosa y una pauta concreta. Se reserva para situaciones en las que las lágrimas artificiales y los tratamientos habituales no bastan o no son la opción más adecuada.

Hábitos que reducen la carga diaria

Ningún hábito regenera por sí solo los nervios corneales, pero algunos reducen la agresión sobre la superficie:

  • parpadear de forma completa cuando se trabaja con pantallas;
  • colocar el monitor ligeramente por debajo de la línea de los ojos;
  • evitar que el aire acondicionado o el ventilador incidan directamente en la cara;
  • hacer pausas visuales frecuentes;
  • no dormir con las lentillas, si se siguen utilizando en el ojo no intervenido;
  • mantener una hidratación razonable y un descanso suficiente;
  • proteger los ojos del viento, el polvo y el humo.

No hace falta convertir la vida en un protocolo militar. Hay que eliminar los factores que mantienen la superficie ocular en una lucha constante.

¿Cuándo deja de ser normal y hay que consultar?

La sequedad leve, el escozor y la visión fluctuante pueden formar parte del postoperatorio. Pero no todo síntoma debe archivarse bajo la etiqueta de «normal después del láser».

Hay que contactar con el equipo oftalmológico si aparece dolor intenso o creciente, pérdida clara de visión, enrojecimiento marcado, secreción, fotofobia que empeora, sensación de cuerpo extraño que no cede o una diferencia llamativa entre ambos ojos. También si la visión se vuelve progresivamente más borrosa en lugar de estabilizarse.

Una molestia que mejora lentamente suele tener un significado distinto de una molestia que empeora. La tendencia importa más que una fotografía aislada del día.

En las revisiones, el cirujano puede valorar la agudeza visual, la córnea, el epitelio, la película lagrimal, los párpados y, cuando hace falta, pruebas específicas de sensibilidad o producción lagrimal. El objetivo es distinguir una recuperación lenta de una complicación o de un problema añadido.

PRK y SMILE: ¿menos sequedad significa ausencia de riesgo?

La PRK y el SMILE pueden alterar menos la inervación corneal profunda que el LASIK y, en determinados pacientes, asociarse a una menor incidencia de ojo seco grave. Pero convertir esa ventaja en una garantía absoluta sería vender humo con bata blanca.

En la PRK no se crea un colgajo, pero la recuperación superficial suele ser más lenta y el postoperatorio inicial puede resultar más exigente. El epitelio corneal necesita regenerarse y la visión tarda más en estabilizarse. El procedimiento puede ser una buena opción en perfiles concretos, pero no es automáticamente mejor para todo el mundo.

El SMILE utiliza una pequeña incisión para extraer un lentículo de tejido corneal. Al preservar más fibras nerviosas que el LASIK en determinadas zonas, puede reducir la alteración de la sensibilidad y la sequedad en algunos pacientes. Aun así, la técnica sigue modificando la córnea y no elimina el riesgo.

La elección no debería hacerse siguiendo la moda del último acrónimo. Debe apoyarse en:

FactorLASIKPRKSMILE
Acceso quirúrgicoCrea un colgajo cornealNo crea colgajo; se retira el epitelioUtiliza una pequeña incisión
Recuperación inicialHabitualmente rápidaMás lenta y más molesta al principioGeneralmente rápida, con variabilidad individual
Alteración nerviosaPuede favorecer sequedad postoperatoriaPuede reducir la alteración profunda, aunque no elimina la sequedadSuele preservar más inervación profunda que LASIK
Superficie ocularRiesgo de ojo seco, sobre todo al inicioTambién puede producir sequedad e irritaciónMenor riesgo relativo en algunos perfiles
Principal limitaciónNo todos los pacientes son candidatosRecuperación superficial más prolongadaNo corrige todos los defectos ni sirve para todos los ojos

La técnica correcta es la que encaja con la córnea, la graduación, el grosor corneal, la superficie ocular, la edad y las expectativas del paciente. La cirugía refractiva no es una competición entre marcas ni entre siglas.

Cómo reduzco el riesgo antes de operar

La prevención empieza antes del quirófano. Si el paciente ya tiene síntomas de sequedad, blefaritis, alergia activa o una película lagrimal inestable, primero hay que tratar la superficie. Operar sobre una córnea irritada aumenta las probabilidades de un postoperatorio desagradable.

En la consulta preoperatoria reviso:

  • la graduación y su estabilidad;
  • el grosor y la forma de la córnea;
  • la topografía y la tomografía corneal;
  • la calidad de la película lagrimal;
  • la función de las glándulas de Meibomio;
  • el estado de los párpados;
  • los antecedentes de intolerancia a lentes de contacto;
  • las enfermedades generales y los medicamentos habituales;
  • las expectativas reales sobre la visión y el uso de gafas.

Una persona que espera olvidarse de las gafas para siempre, ver perfectamente en cualquier condición y no utilizar jamás un colirio está comprando una promesa, no un resultado médico. La cirugía refractiva puede reducir la dependencia de gafas o lentillas. No convierte al ojo en un órgano nuevo.

Tampoco hay que ocultar los factores de riesgo para conseguir que un paciente acepte la intervención. Si la superficie ocular está comprometida, se frena, se trata y se vuelve a evaluar. La cirugía puede esperar. La córnea no necesita que le ganemos una carrera administrativa.

Mi veredicto sobre el ojo seco tras el LASIK

El ojo seco postoperatorio LASIK es frecuente, generalmente transitorio y tratable. La primera semana suele ser la más incómoda. Durante el primer mes todavía puede haber sequedad y visión fluctuante. Entre los tres y los seis meses, la mayoría mejora de forma clara a medida que se recuperan la inervación corneal y la regulación lagrimal.

Pero una mayoría no es un paciente concreto. Si los síntomas son intensos, progresan o persisten, hay que estudiarlos. No basta con repetir que «es normal». Esa frase, utilizada sin exploración, es una forma elegante de no hacer medicina.

PRK y SMILE pueden reducir la alteración nerviosa profunda y el riesgo de sequedad grave en determinados casos, pero no ofrecen inmunidad. La mejor protección sigue siendo una selección preoperatoria rigurosa, una superficie ocular bien tratada y un seguimiento que no desaparezca después de retirar el primer colirio.

Mi recomendación es directa: utiliza la lubricación prescrita, controla los párpados y las pantallas, respeta las revisiones y consulta si el cuadro no sigue una mejoría progresiva. El láser puede corregir la forma de la córnea. La recuperación de la lágrima necesita tiempo, vigilancia y, cuando toca, tratamiento de verdad.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto dura el ojo seco después del LASIK?
En la mayoría de los pacientes, la sequedad mejora progresivamente entre los tres y los seis meses. La sensibilidad corneal y la calidad de la película lagrimal todavía pueden reorganizarse entre los seis y los doce meses.
¿Es normal tener visión borrosa intermitente después del LASIK?
La visión puede fluctuar cuando la película lagrimal se rompe antes y la superficie corneal se vuelve irregular. Es frecuente notar mejor visión por la mañana y más molestias o borrosidad al final del día, especialmente con pantallas o aire directo.
¿Qué puedo hacer para aliviar el ojo seco tras el LASIK?
Hay que utilizar las lágrimas artificiales prescritas, preferiblemente sin conservantes si se aplican con frecuencia, evitar frotarse los ojos y reducir la exposición a aire directo. También ayuda hacer pausas con las pantallas, parpadear de forma consciente y acudir a las revisiones previstas.
¿Cuándo debo preocuparme por la sequedad después del LASIK?
Conviene contactar con el equipo oftalmológico si aparece dolor intenso o creciente, pérdida clara de visión, enrojecimiento marcado, secreción, fotofobia que empeora o una sensación de cuerpo extraño que no cede. También hay que consultar si la visión se vuelve progresivamente más borrosa en lugar de estabilizarse.
¿Las lágrimas artificiales bastan para tratar el ojo seco post-LASIK?
Son la base en muchos casos, pero el tratamiento debe adaptarse al mecanismo y a la gravedad. Si existe inflamación, disfunción de las glándulas de Meibomio o sequedad intensa, pueden ser necesarios tratamientos específicos bajo control oftalmológico.
¿La PRK o el SMILE provocan menos sequedad que el LASIK?
La PRK y el SMILE pueden alterar menos la inervación corneal profunda y asociarse a un menor riesgo de sequedad grave en determinados pacientes. Aun así, ambas técnicas pueden causar sequedad y no eliminan el riesgo.