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Una columna de Telmo Quirós

Noticia

El impacto de las pantallas en la visión: riesgos reales de miopía y ojo seco

Setecientos cuarenta millones de niños miopes para 2050. No es distopía: es la proyección que manejan los oftalmólogos a nivel internacional.

Telmo Quirós, Oftalmólogo clínico y cirujano refractivo·actualizado 08 de septiembre de 2026

El impacto de las pantallas en la visión: riesgos reales de miopía y ojo seco

César Carriazo, presidente de la Sociedad Colombiana de Oftalmología, ha puesto sobre la mesa tres alertas que deberían quitarnos el sueño a todos: el tsunami miópico ligado al uso temprano de pantallas, el ojo seco como epidemia silenciosa y el glaucoma como ladrón de visión que avanza sin avisar. Como cirujano refractivo, te diré que me quedo corto si solo califico la situación de "preocupante".

La miopía ya no es solo una molestia: es un problema de salud pública

El mecanismo lo explica Carriazo sin rodeos: el uso temprano de pantallas somete al ojo del niño a un esfuerzo de acomodación constante —el cristalino bombeando para enfocar de cerca sin descanso—, y ese trabajo sostenido puede inducir un crecimiento axial inadecuado del globo ocular. En cristiano: el ojo se "estira" buscando nitidez, y ese estiramiento es el que después nos obliga a prescribir gafas cada vez más gruesas, año tras año.

Los datos son tozudos. La prevalencia de la miopía ha subido un 35,81 % desde 1990, y la tendencia no se frena. Algunos países desarrollados ya están restringiendo pantallas en educación infantil y volviendo a métodos analógicos. No es nostalgia: es prevención.

¿Qué puedes hacer tú? Regla práctica: cuanto más pequeño el niño, menos tiempo de pantalla. Cada hora frente a una tablet es una hora que el ojo en desarrollo está forzando una acomodación que no debería estar haciendo a esa edad.

Ojo seco: el enemigo que no parpadea

Si estás leyendo esto en una pantalla, probablemente estés parpadeando menos de lo normal. Acabas de hacerlo de forma consciente, ¿verdad? Bien, porque el parpadeo es la primera línea de defensa de la superficie ocular, y frente a un dispositivo la frecuencia se desploma.

A eso se suman la irradiación lumínica, el aire acondicionado y la contaminación ambiental. El resultado, según recoge la alerta del especialista, es que el síndrome de ojo seco se ha convertido en una de las causas de mayor consulta en oftalmología actualmente. No es capricho ni moda diagnóstica: es la respuesta lógica de una córnea —nuestro parabrisas— que no recibe el lubricado que necesita.

La recomendación no tiene misterio: descansos activos cada 20 minutos, aplicar la regla del 20-20-20 (cada 20 minutos, mirar algo a 20 pies de distancia durante 20 segundos) y, si los síntomas persisten, consultar. No esperes a que se pase solo, porque la superficie ocular no se regenera con buena voluntad.

Glaucoma y retinopatía diabética: lo que no duele puede cegarte

Carriazo subraya algo que repito en consulta hasta la saciedad: el glaucoma destruye el campo visual de forma progresiva y, en la mayoría de los casos, sin síntomas hasta que el daño ya es irreversible. No avisa. No duele. Simplemente va cerrando tu visión periférica hasta que el túnel se hace demasiado estrecho.

La retinopatía diabética sigue la misma lógica implacable. Tanto en diabetes tipo 1 como tipo 2, el control metabólico —específicamente los niveles de glucosa— es la herramienta más eficaz para evitar daño retiniano. En palabras del especialista, una persona con diabetes que mantiene un control adecuado de la enfermedad no tendría por qué terminar con lesiones en la retina. El problema aparece cuando la retinopatía avanza: los daños son irreversibles y la pérdida de visión no se recupera.

No existe cura para el glaucoma ni para la diabetes, pero sí formas de frenar su impacto sobre la visión. La clave es detectar a tiempo, y eso solo se consigue con revisiones periódicas.

Si eres diabético, si tienes antecedentes familiares de glaucoma o si pasas más de seis horas al día frente a pantallas —y sospecho que sí—, no pospongas la revisión. Los ojos no envían facturas: envían sorpresas.